Parece que las palabras escuchar y analizar son incompatibles, porque el pueblo tiene la costumbre de tomar como suyas las opiniones ajenas, ya sean vertidas en la prensa o por cualquier persona que es considerada de “gran intelecto”, lo cual demuestra poca originalidad y nada de sentido crítico.
Los pensamientos ajenos deben ser tomados y analizados; puede ser que estemos de acuerdo en parte, pero pocas veces uno coincide con la idea en su totalidad. No está mal creer lo mismo que otros, pero sería mejor ejercitar nuestro intelecto, poniendo en tela de juicio lo que escuchamos; no cerremos nuestra mente, consideremos varios conceptos y luego desarrollemos nuestro punto de vista.
La naturaleza se encargó de darnos a todos un cerebro que debemos usar; la pereza no debe llegar al punto de dejar nuestra mente expuesta a las ideas de otro como una esponja que absorbe todo lo que se le derrama; para colmo, no hace falta ningún esfuerzo físico para que este trabaje, se requiere solo unos segundos de concentración.
Uno nunca podrá forjar su personalidad si no sabe ni siquiera con lo que está de acuerdo y con lo que difiere. No se puede vivir como sombra de otros, imitándolos y repitiendo lo que dicen; somos únicos, debemos confiar en nosotros y en lo que pensamos. Al fin y al cabo, las conversaciones serían aburridas si todos estuviésemos de acuerdo. Usá tu cerebro, ¡es gratis!
Por Ayelén Díaz (16 años)