Por Carlos Gómez de la Fuente (16 años)
Que un papá llegue al punto de regalar un Samsung Galaxy a su hijo de nueve años va a ser terrible para un adolescente. Es cierto que hace falta estar siempre en conexión, pero ¿qué tal si solo se regala un “celular ladrillo” para comenzar? Generalmente, se empieza con algo pequeño, como los teléfonos que usaban los padres cuando eran niños.
En estos últimos tiempos, el celular se masificó de tal manera que prácticamente todas las personas lo poseen, y los adolescentes son los que más se quejan al ver que niños tienen mejores aparatos que algunos jóvenes. Conseguir un teléfono es muy fácil, simplemente hay que poner la excusa de que siempre hay que estar comunicados para estar al tanto de las actividades familiares.
Antes, los niños se morían por que sus padres les compraran una pelota o un juguete; ahora solo quieren un celular de regalo. Estos peques, poco a poco, cayeron en manos de estos artefactos electrónicos; ya no existen las visitas al vecino para jugar al fútbol o entretenerse con sus figuras de acción de Max Steel.
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Tampoco hay que poner en riesgo la vida de los niños dándoles aparatos que llamen mucho la atención, porque existe mucha inseguridad, y en estos tiempos se mata hasta por un billete de diez mil guaraníes.
El uso de los teléfonos móviles, más que verse como una moda, debe limitarse y restringirse a una emergencia y los padres de familia tienen que tomar el control sobre los aparatos electrónicos que compran a sus hijos y, sobre todo, analizar el peligro que estos puedan ocasionarles.
