Por Yenny Báez (18 años)
Se nos va, su tren está listo y el... “¡hasta nunca, ingenuos!”. No podemos vaticinar las famosas últimas palabras de Gregory House que saldrán alrededor del mundo en pocas semanas, pero FOX puso un palo a la rueda de la piratería tras anunciar que la emisión del último capítulo será en simultáneo con otras cadenas de televisión del mundo.
Ocho años, ocho temporadas, millones de seguidores y la crítica especializada de su lado hacen de House M.D. uno de los diez programas más vistos de la década pasada.
“He dicho que soy un adicto, no que tengo un problema”, “y si descansamos, tomamos café, hacemos pis”, “casi morir no cambia nada, morir lo cambia todo”, “la religión es un síntoma de creencia irracional y esperanza infundada”, “yo una vez curé una depresión con tónica, aunque creo que la rebajé con ginebra”, son algunas de las frases más celebradas en la historia televisiva de Gregory House.
Hablar de él requiere la consideración de que gusta ser ermitaño (aunque el único consuelo que tenga sea su amigo, el Dr. James Wilson), es ateo, amante del rock n’ roll, profiere insultos y groserías mientras realiza los diagnósticos, es adicto al vicodin, anarquista, directo y sin tapujos, pero... ¡se lo quiere así, sin moños ni adornos de más! ¿Por qué? Simplemente porque a la rosa/medicina no se puede apartar de la espina/House.
Escapando de las ataduras desde que la Dra. Cuddy lo dejó, a este personaje se lo recordará durante décadas (y si se puede, siglos) por su originalidad, su estilo desprolijo, su hablar punzante y sus prácticas pocos ortodoxas. Hasta siempre, chico rebelde.
