Rubias, morenas o trigueñas, mujeres hay para el querer de toda laya; mas si en lograr amor te empeñas, debe ser ella una bella paraguaya.
Ser paraguaya lo proclama el mirar lleno de dulzura y de ternura, el talle que al andar derrama y mueve sal en la cintura.
Cuando su esposo va a la guerra, ella es el alma que resguarda bien su casa, ella es el alma de su tierra, ella es el alma luminosa de su raza.
En esta tierra de valientes, el más valiente entre valientes queda preso cuando sus labios sonrientes, su miel de hechizo, le promete con un beso.
Rubias, morenas o trigueñas, mujeres hay para el querer de toda laya; mas si en lograr amor te empeñas, debe ser ella una bella paraguaya.