El origen del gran papel de las mujeres paraguayas en la historia de nuestro país ocurrió un 24 de febrero de 1867, cuando en la Plaza de Mayo, en Asunción, se llevó a cabo la Primera Asamblea Americana de Mujeres, en la cual todas las presentes decidieron donar sus joyas y alhajas para apoyar a los soldados que peleaban por la patria en la Guerra Grande.
Al finalizar la Guerra contra la Triple Alianza solo quedó el 50 % de la población anterior y el 90 % de los fallecidos eran hombres. Esto llevó a un cambio de estilo de vida: las damas pasaron a ser las cabezas en el hogar y desarrollaron la destreza de ser líderes de los hijos que quedaron.
Las mujeres siempre se destacaron por trabajar incansablemente por el bien propio, de su familia y del país, aportando constantemente capacidad, ideas, conocimientos, sacrificio y mucho amor. Así logramos ver a las paraguayas desempeñándose eficientemente en la política, economía, salud, educación, entre otros, ganándose un espacio importante en la vida y en el desarrollo de la nación.
El actual papa –en su trabajo como arzobispo de Buenos Aires– dijo en una ocasión, el 1 de noviembre de 2010, durante la visita de la Virgen de Caacupé a la Catedral de la capital argentina: “Ustedes saben que en toda América la mujer paraguaya es la mujer más gloriosa”. Entonces, rememoremos las 24 horas a las mujeres paraguayas, reconozcamos lo que dijo el Sumo Pontífice y valorémoslas los 365 días del año.
Ama de casa, chipera, empleada doméstica, comerciante, abogada, periodista y otras más; tienen algo en común: ser mujeres paraguayas, siempre protectoras, seguras, amables, dulces y cariñosas. Transmisoras de valores en el hogar y, en muchas ocasiones, el sostén de la familia. Tanta es la fortuna de tenerlas como madres y un privilegio que Dios nos ha regalado. ¡Feliz día a todas las damas guaraníes!
Por Aristides Arámbulo (17 años)
