Mcal. López, ¿héroe o villano?

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Lopistas y antilopistas, una discusión que siempre se genera cuando de historia hablan los escritores, así como nuestros abuelos y tíos. Los que defienden al mariscal opinan que es el "héroe máximo de la nación", por haber amado y defendido a la patria hasta la muerte; en cambio, los que no son sus partidarios lo acusan de haber sido el responsable del genocidio de nuestro pueblo.

Francisco Solano López fue un personaje de un carácter muy peculiar que, sin duda alguna, lo coloca en un sitio privilegiado de nuestra historia. Heredó el cargo de presidente que había dejado su padre, don Carlos Antonio López, quien antes de ir a la tumba le había encargado no mediar en conflictos del exterior.

El mariscal se había instruido en Francia, tomando como modelo a seguir a Napoleón Bonaparte, quien como político pensaba que su nación debía intervenir en los problemas gubernamentales o sociales de sus vecinos; supuestamente, de ese modo obtendría la armonía del Viejo Continente.

Los antilopistas critican severamente la figura de héroe, pues opinan que fue muy prepotente, salvaje y orgulloso; dicen que su ambición desmesurada lo llevó a enfrentarse ciegamente a las potencias de la región (Brasil y Argentina). Sin duda, sabemos que luego de la fatídica Guerra contra la Triple Alianza, el Paraguay —entonces un país modelo— quedó en ruinas, se destruyeron todas las obras públicas que existían, se perdió gran cantidad de tierra y la población casi fue extinguida.

Los que respaldan la figura de López manifiestan que fue un gran símbolo del patriotismo y la soberanía nacional. "Defendió a su nación", "luchó junto con sus soldados y no tuvo miedo de morir protegiendo la tricolor", son algunos de los argumentos que sostienen los que están a favor del héroe máximo.

Personajes célebres de la literatura paraguaya, como Juan E. O'Leary (uno de sus máximos defensores), Ignacio A. Pane y otros, crearon en la Argentina un pensamiento cultural denominado “corriente revisionista de la historia paraguaya”, que reivindicó la figura del mariscal en nuestro país, ya que, hasta entonces, se lo trataba como traidor.

Si todavía no sabés por cuál postura optar, continuá investigando de tu parte; es bueno escuchar opiniones ajenas, pero mucho mejor es tener una perspectiva personal. Recordemos que solo las sociedades que conocen y asumen su propia historia maduran y capitalizan sus experiencias.

Por Joaquín Tande (17 años)