El estrés empieza porque no estudiaste durante toda la semana y, en el día del test, te levantás a las 5:00 para "repasar las anotaciones". Después, entrás a clases y no tenés idea de lo que los compañeros te están preguntando, así que empezás a contestarles con un vocabulario de difícil comprensión y alta complejidad para neutralizar tu falta de conocimiento.
Llega la hora pactada y te entregan el examen, un infortunio complicado delante de tus ojos. Sabés que costará pasarlo y que es el momento de demostrar todo lo estudiado. Pero ese no es tu caso, así que no hay otra salida que permanecer mirando el pizarrón e interpretar tu mejor papel de "estoy pensando mucho en la respuesta". O intentar impresionar al profesor con una barba inmensa, dando a entender que no has tenido ni tiempo de afeitarte por repasar tanto los apuntes de su clase.
Todo esto no debería suceder. Las pruebas tienen que ser afrontadas con calma, previa preparación y midiendo la importancia que poseen para poder aprobar el año. Según el Centro de Investigaciones Psicológicas de Venezuela, "es imprescindible conocer que no existe una estrategia de estudio única y milagrosa. Cada persona tiene que aprender a prepararse con su propio ritmo y método".
Para adquirir aprendizajes, existen muchas técnicas de estudio. Estas ayudan a facilitar el proceso de memorización, mejoran el rendimiento académico y facilitan la aprehensión de conocimientos, sin caer así en la necesidad de usar los famosos copiatines.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Algunos consejos útiles son: escribir a mano lo que tenés que aprender, para prestar atención con la mayor cantidad de sentidos posible; variar los lugares de estudio, lo cual ayuda a mantener la mente despejada; y, por último, hacerse a uno mismo una pequeña prueba puede ser una forma efectiva de paliar los nervios que existen antes de un test. Con estas prácticas ya estarás listo para dar buenos resultados en el examen; solo tomalo con calma, sin apuros y podrás pasar de taquito.
Por Ricardo González (19 años)