Por Graciela Galeano (18 años)
Si tenés un vínculo especial con alguien, aunque digas “solo somos amigos”, “hay onda”, “es joda y nada más”, “estamos andando”, o es un noviazgo, de alguna manera, vas a sentir celos por esa persona y, normalmente, cuanto menos seria sea la relación, más dudas vas a tener.
¿Será que está mensajeando con alguien más? ¿Con quién sale? ¿En dónde está? ¿Por qué no me avisó nada? Son algunas de las preguntas que nos hacemos cuando, sin pensarlo, desconfiamos. Y para evitar esta situación incómoda, es necesario conocer bien a la persona antes de iniciar cualquier relación por más “joda” que sea, teniendo en cuenta la implicancia de los sentimientos.
Cada quien tiene actividades, amigos y un espacio personal; por lo tanto, es conveniente conocer y respetarlo en una relación afectiva. Si querés ir a todos los lugares adonde tu pareja va, revisás su celular, te enojás porque no te mensajea las 24 horas o le llamás todo el tiempo para saber qué está haciendo, esa persona va a terminar asfixiándose tarde o temprano.
Si iniciaron una relación, fue por decisión de ambos y se supone que debe haber amor, respeto y, sobre todo, confianza. No te sientas inseguro/a; tenés que saber cuánto valés y que las escenas de celos desmedidos nunca conducen a algo bueno.
En esta época de juventud, en la que los amores van y vienen como en un juego de ping-pong, es importante que no todo se centre en esa relación afectuosa, sino tener la madurez para desarrollar actividades individuales, disfrutar con los amigos y la familia. Porque cuando hay realmente amor, en vez de angustia, tiene que haber alegría. Por lo tanto, si padecés de esa “terrible enfermedad” denominada celos, estás a tiempo para medicarte con una buena dosis de seguridad y confianza.