Esto se fue transformando en una forma de vida, en la que la mujer se hacía responsable de educar a sus hijos, darles cariño, formarlos. Los hombres pasaron a ser los proveedores de alimento, techo y sostén económico de la familia. “Educación de los niños era tarea de mujeres”.
Hoy las cosas cambiaron y mucho, las parejas trabajan para sostener el hogar. No le corresponde solo al padre traer el alimento para sus hijos, también la mamá lo hace. Los papás de ahora participan más activamente en la educación de sus hijos, se van a las reuniones de la escuela, llevan y traen del colegio a sus hijos, etc., todo esto dejó de ser “tarea de mujeres”.
Las familias en que los padres son “sobreprotectores”, a simple vista, son considerados como “muy buenos padres”. Pero, en realidad, los padres de esta manera no permiten que sus hijos crezcan, no les dan la oportunidad ni el espacio para tomar decisiones. Los padres sobreprotectores están siempre o casi siempre presentes para “salvarlos” de cualquier situación, y no se dan cuenta de que están “ahogando” a sus niños.
El padre es el pilar fundamental de todo hogar, y tiene como principal función la formación de sus hijos con el objetivo de crear personas libres, felices, autónomas y creativas.
En los primeros tiempos, el padre establece una relación de dependencia sana temporal con sus hijos. Los padres enseñan y transmiten, con su ejemplo, los valores morales, su cultura, su historia. Ejercen su autoridad con libertad, mucha firmeza y flexibilidad a la vez, sin olvidarse del afecto, que es la savia de la vida. Por otro lado, los hijos van aprendiendo a vivir y convivir en sociedad, para luego, cuando sea el momento adecuado, seguir sus caminos, como personas de bien, y ser protagonistas en la construcción de sus propias vidas.
Todos los integrantes de la familia tendrán derechos y deberes que cumplir. Sus valores fundamentales son el amor, respeto, saber escuchar y tener dignidad. Podrán equivocarse y aprender de sus errores, además de disfrutar de sus logros. Allí les será permitido cuestionar la “verdad” de su papá, y este tendrá la suficiente “humildad” para reconocer sus equivocaciones y ver, en sus hijos, “una escuela de vida”.
Un buen padre asume su verdadero rol y sabe que es “guía” y no se siente “dueño” de sus hijos. Respeta sus espacios, decisiones y los estimulan a que crezcan como personas íntegras e independientes. Reconoce que su rol de padres es “biodegradable” y que, cuanto más grandes los hijos, menos autoridad ejercerán sobre ellos.
Algún día, este papá podrá decir “misión cumplida”, y esto se dará cuando sus hijos se independicen económica y afectivamente. Como consecuencia, podrán decidir por sí mismos, libremente, el rumbo que darán a sus propias vidas.
El hijo buscará en su padre una persona que lo sepa escuchar, comprender, que brinde amor, ser un modelo de vida y apoyo. También desea que su papá sea compañero, amigo, un guía que marca las pautas y los límites para sentirse seguro.
* Psicóloga
carmenluciaguimaraes@hotmail.com
