El Dr. Francisco Echauri, cardiólogo y ecocardiografista (*), explica.
–¿Puede haber un infarto y la persona no lo siente, no presenta mayores síntomas?
–El infarto agudo de miocardio (de corazón) sin dolor es una enfermedad grave con una mortalidad que puede llegar al 30 o 40% si el diagnóstico y el tratamiento no se realiza de manera precoz.
Muchos pacientes pueden cursar un infarto agudo de miocardio sin dolor, con pocos síntomas o muy leves, pueden también ser inespecíficos, y de buenas a primeras no orientan a pensar en un infarto, estos casos representan aproximadamente el 30% del total de afectados.
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En muchas ocasiones se llega al diagnóstico de infarto antiguo o cicatriz residual cuando se realiza un electrocardiograma, por otro motivo, tiempo después del evento agudo. Es un hallazgo electrocardiográfico de las secuelas originadas por un infarto pasado, en donde probablemente el paciente no haya tenido síntomas o estos hayan sido leves e inespecíficos.
–¿Se asocia a otras enfermedades?
–Esta forma de presentación es mucho más frecuente en pacientes con otras enfermedades asociadas o comorbilidades; por ejemplo, la diabetes, fundamentalmente los de larga data. Estos presentan polineuropatías, que condicionan una disminución en la sensibilidad o percepción del dolor; esta forma de presentación denominada también infarto silente es más frecuente en ancianos, en mujeres y en pacientes trasplantados cardiacos. En estos últimos la denervación posquirúrgica no permite la transmisión de la señal neurológica del dolor.
Atención en diabetes
- La presentación clásica de un infarto, con dolor precordial opresivo en el medio del pecho, por detrás del esternón e irradiado a cuello, mandíbula, y miembro superior izquierdo (hombro, brazos, antebrazos y mano), no es la forma más frecuente de presentación en los pacientes diabéticos. Aquí el médico debe sospechar la presencia de esta enfermedad con base en los antecedentes. El solo hecho de saber que el paciente es diabético y ante la presencia de esta enfermedad con base en los antecedentes, síntomas leves o inespecíficos, como podría ser un dolor no clásico, atípico, localizado en otra zona, de baja intensidad, que muchas veces recuerda más a un dolor de origen muscular, o a una neuralgia, obliga a la rápida realización de un electrodardiograma, que puede mostrar la patente típica de un infarto, y de esta manera establecer el tratamiento en la brevedad posible.
Cuanto más rápido se realiza el diagnóstico, se salvan más vidas, son menores las secuelas, y el daño residual, como también el grado de incapacidad con el que estos pacientes pueden quedar.
En el paciente que refiere síntomas leves, no específicos, no típicos, no clásicos para enfermedad coronaria e infarto debe sospecharse con base en otros datos como: la edad, más frecuente después de los 40 años, y sobre todo en ancianos, presencia de factores de riesgo como la diabetes, hábito de fumar, alteraciones en el metabolismo de las grasas con el consecuente aumento en los niveles de colesterol, triglicéridos, colesterol LDL (malo), disminución del colesterol HDL (bueno).
No deben olvidarse los factores genéticos, y en este sentido el antecedente familiar de infarto, sobre todo si se han producido en familiares directos antes de los 50 años de edad, los mismos condicionan un incremento importante en las posibilidades de tener un evento coronario.
–¿Qué debemos modificar?
–En Paraguay, el elevado consumo de grasas e hidratos de carbono, muchas veces relacionado con hábitos culturales determina en la población un porcentaje elevado de obesidad central, que se evidencia por el aumento del perímetro abdominal. No debe superar los 102 cm en el hombre y 88 cm en la mujer.
(*) Especialista en estudios cardiológicos no invasivos.
