La discalculia

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La máster Joanna Muñoz, psicóloga educacional, recalca que el rendimiento en matemáticas puede estar marcado por una dificultad para poder resolver la operación aritmética, pero en otros casos se asocia con la incapacidad para entender el razonamiento lógico-matemático, imprescindible para resolver un problema.

“Las estadísticas internacionales refieren que existe entre el 3% al 6% de niños discalcúlicos en la población escolar”, agrega.

Existen algunas señales que los padres pueden tener en cuenta y que son indicios tempranos de que el niño podría tener una discalculia, por ejemplo, “el niño puede presentar dificultades para ordenar objetos por tamaños, clasificar y agruparlos por sus características, utilizar los números en la vida cotidiana, comprender conceptos como largo, corto, menos, más, etc. Además tener problemas para manejar dinero, dibujar formas y figuras, comprender posiciones espaciales: arriba, abajo, adelante, atrás. Le cuesta adquirir nociones de tiempo: ayer, hoy, el fin de semana”.

La máster señala que el niño con dificultades en matemáticas puede tener dificultades en las habilidades básicas como: la atención, la percepción espacial, el lenguaje, la orientación temporal, la memoria, las habilidades constructivas y la planificación. En otras palabras el niño discalcúlico frente a las tareas matemáticas puede distraerse fácilmente, fatigarse pronto, tener fácil frustración, trabajar demasiado rápido o ser impaciente con las explicaciones de quien le intenta explicar.

“El tratamiento es individual e incluye tratamiento con la psicopedagoga que trabajará con las habilidades comprometidas, clases con maestra de apoyo escolar para asistirlo en el seguimiento de las tareas y aprendizajes académicos, en algunos casos también se requieren de sesiones de orientación familiar para que los padres puedan ayudar a su hijo”, recomienda.

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