“Las estadísticas internacionales refieren que existe entre el 3% al 6% de niños discalcúlicos en la población escolar”, agrega.
Existen algunas señales que los padres pueden tener en cuenta y que son indicios tempranos de que el niño podría tener una discalculia, por ejemplo, “el niño puede presentar dificultades para ordenar objetos por tamaños, clasificar y agruparlos por sus características, utilizar los números en la vida cotidiana, comprender conceptos como largo, corto, menos, más, etc. Además tener problemas para manejar dinero, dibujar formas y figuras, comprender posiciones espaciales: arriba, abajo, adelante, atrás. Le cuesta adquirir nociones de tiempo: ayer, hoy, el fin de semana”.
La máster señala que el niño con dificultades en matemáticas puede tener dificultades en las habilidades básicas como: la atención, la percepción espacial, el lenguaje, la orientación temporal, la memoria, las habilidades constructivas y la planificación. En otras palabras el niño discalcúlico frente a las tareas matemáticas puede distraerse fácilmente, fatigarse pronto, tener fácil frustración, trabajar demasiado rápido o ser impaciente con las explicaciones de quien le intenta explicar.
“El tratamiento es individual e incluye tratamiento con la psicopedagoga que trabajará con las habilidades comprometidas, clases con maestra de apoyo escolar para asistirlo en el seguimiento de las tareas y aprendizajes académicos, en algunos casos también se requieren de sesiones de orientación familiar para que los padres puedan ayudar a su hijo”, recomienda.
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