Existen varias formas y sistemas de depilación, por lo que es conveniente que primeramente consulte con el profesional para saber cuál será mejor según su tipo de piel.
La eliminación completa del pelo se debe realizar desde la raíz a través de una destrucción de la papila dérmica que se realiza por un proceso químico denominado electrólisis.
La electrólisis es la desintegración orgánica producida por corriente galvánica. Desde el punto de vista anatomofuncional, la depilación definitiva solo se logra cuando se destruye irreversiblemente la zona germinal del pelo, impidiendo así su rebrote. El método más válido para conseguir este objetivo sigue siendo la depilación eléctrica, afirmó Edith Pfannl.
La depilación eléctrica consiste en introducir una aguja ultra fina por la vía transfolicular hasta llegar al conducto del vello. De esta manera se aplica una corriente galvánica leve que destruye directamente la raíz del pelo.
Este tipo de técnica se repite individualmente, es decir, pelo por pelo. El procedimiento es largo y se necesita de varias sesiones para lograr un excelente resultado. Por la complejidad de la aplicación se aconseja realizarse la depilación en zonas pequeñas del cuerpo o simplemente como mantenimiento después de haberse realizado la depilación.
El riesgo que puede tener la depilación eléctrica es que se inflama la zona tratada y se queda roja, pero desaparece en unos pocos minutos, aunque todo depende del tipo de piel. Recuerde que no produce manchas, por ese motivo se recomienda a las personas pelirrojas o con vello blanco.
Este tratamiento no tiene efectos secundarios si está bien realizado. El resultado de esta depilación dependerá de la densidad de vello que posea la persona y las sesiones se pueden realizar en el trascurso de 9 meses o más, pero cada sesión demora una o dos horas de trabajo. Una vez que un folículo ha sido destruido este saldrá muy débil, fino y claro, incluso en muchos casos ya no aparece.