La visión inicial no solo apuntaba a cubrir un vacío en la oferta de galletitas, sino también a generar un impacto positivo en la economía nacional, impulsando la industrialización del país y fomentando la producción local.
El inicio de Mazzei estuvo marcado por desafíos típicos de un emprendimiento joven. Con recursos limitados y sin experiencia previa en la industria, los primeros años demandaron creatividad, resiliencia y un aprendizaje constante.
La familia delegó responsabilidades desde el principio, permitiendo que los hijos asumieran la operación de la empresa, aprendieran de los errores y consolidaran una cultura corporativa basada en la innovación y la mejora continua: equivocarse era parte del proceso, y cada error se convirtió en una oportunidad para fortalecer la calidad y la eficiencia.
Desde sus primeras galletitas, Mazzei priorizó la excelencia en cada etapa de producción.

La apuesta a la calidad se reflejó en la selección de materias primas, el diseño de procesos industriales y la atención a la experiencia del consumidor.
Crecimiento sostenido avalado en hitos estratégicos
Para Nicolás Riquelme, director de Innovación de Mazzei, el crecimiento constante de la compañía no es casualidad, pues “cada inversión y cada apuesta que hacemos en el país, ya sea ampliando nuestra capacidad de producción o lanzando nuevos productos, es un nuevo hito para nosotros, porque nos eleva la barrera de las posibilidades y levanta el techo”.

Los primeros hitos de Mazzei estuvieron ligados a la transición de una pequeña línea de producción a un complejo industrial con múltiples categorías de productos.
“Primero tuvimos una sola línea que era más corta y después compramos una segunda línea de galletitas, ese fue otro hito, otra gran apuesta. Después alargamos la capacidad de cada una, compramos nuevas envasadoras, compramos una fábrica de alfajores, una fábrica de snacks y agregamos nuevos colaboradores”, recuerda Riquelme.
