El Día del Veterinario (10 de agosto) fue establecido por la Ley Nº 6775, sancionada en 2021, y coincide con la festividad de San Lorenzo, patrono de la ciudad donde funciona la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de Asunción (UNA).
La historia de la enseñanza veterinaria está estrechamente ligada al perfil productivo del país.
A mediados del siglo XX, el país era esencialmente agrícola y ganadero, pero todavía no contaba con una institución universitaria especializada en Agronomía y Veterinaria.
Buena parte de los productores trabajaba entonces con conocimientos adquiridos por experiencia propia o con asistencia de técnicos rurales.
Con el desarrollo de la formación profesional, el veterinario pasó a convertirse en una figura fundamental para mejorar la sanidad animal y acompañar la transformación del sector productivo.
Del consultorio al campo
Hoy resulta difícil encasillar al veterinario en una sola actividad. Puede estar en una clínica atendiendo a perros y gatos, en una estancia controlando un rodeo, en un laboratorio realizando diagnósticos, en una industria supervisando procesos, en organismos sanitarios, en la investigación o en las aulas formando a las nuevas generaciones.
Y hay una dimensión que muchas veces pasa inadvertida: el veterinario también protege a las personas.
El Ministerio de Salud Pública destaca que estos profesionales son una primera línea de defensa frente a las enfermedades zoonóticas y cumplen funciones vinculadas con la vigilancia, prevención y control de enfermedades que pueden transmitirse de los animales al ser humano.
También participan en la trazabilidad y la inocuidad de los alimentos de origen animal.
El Día del Veterinario reconoce a quienes forman parte de una cadena esencial para que animales, personas y producción puedan convivir en mejores condiciones.
