El inicio del otoño marca un cambio visible: los días se acortan, el aire se enfría y la luz se vuelve más baja y suave.

Astronómicamente el otoño empieza con el equinoccio (en el hemisferio sur el 21 de marzo; en el norte, el 21 de septiembre), cuando día y noche duran casi lo mismo. Desde ahí, el paisaje empieza a «apagar» los verdes intensos y a sumar ocres, rojizos y marrones.
En el aula de Artes Plásticas, este momento del año funciona como un laboratorio natural. La paleta otoñal no es solo de «colores cálidos»: también aparece el contraste entre lo que aún brilla (un amarillo fuerte, un rojo hoja) y lo que se vuelve gris o desaturado (cielo nublado, sombras más largas).
Las texturas ganan protagonismo: hojas secas, cortezas, tierra húmeda, telas más gruesas.
Muchos artistas trabajan estos cambios como una forma de contar el paso del tiempo. La clave está en observar: ¿de dónde viene la luz?, ¿qué colores se repiten?, ¿qué detalles solo aparecen en esta estación?
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Dos ejercicios prácticos de otoño
1. Collage «Mapa de otoño» (20–30 minutos). Recorta de revistas papeles con gamas otoñales (ocres, rojas, beige, grises). Arma un paisaje simple en capas: fondo (cielo), plano medio (árboles/edificios) y primer plano (hojas). Suma textura con papel arrugado o papel madera.
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2. Marcadores «Sombras largas» (25–40 minutos). Elige una foto o vista real. Dibuja formas grandes primero (sin detalles). Con marcadores, pinta por manchas: un color base y encima una sombra más oscura, siempre en la misma dirección. Reserva un pequeño sector de luz fuerte para que el dibujo «respire».
