Un polvorín llamado Tierra

El 2019 cierra con un descontento social que tomó las calles -por diversos motivos- obligando a los gobiernos de distintos signos a alterar sus agendas, especialmente en Latinoamérica. El rechazo a las medidas de ajuste económico, la eliminación de subsidios, el encarecimiento de los servicios públicos, el aumento del precio de la gasolina, el incremento de la edad de jubilación o posibles fraudes electorales fueron la mecha que encendió el fuego.

Manifestantes chilenos durante un enfrentamiento con la policía en Santiago, el pasado viernes.
Manifestantes chilenos durante un enfrentamiento con la policía en Santiago, el pasado viernes.MARTIN BERNETTI

Argentina: peligro latente

Argentina, que en 2001 vivió su peor crisis, con el mayor default de la historia, cinco presidentes en una semana y saqueos y disturbios que dejaron una treintena de muertos, se esfuerza por evitar otro estallido, en especial cuando países cercanos como Chile, Bolivia, Ecuador o Colombia atravesaron por duras protestas ciudadanas.

Chile: el boleto encendió la mecha

El alza en el precio del pasaje del metro en Santiago de Chile encendió la mecha de un estallido social que primero le explotó al presidente conservador Sebastián Piñera en forma de protestas que luego derivaron en incendios, saqueos y graves disturbios y siguió con masivas manifestaciones que aún perduran.

El reclamo contra el aumento del boleto derivó en un movimiento heterogéneo y sin liderazgo identificable (como los “Chalecos amarillos” en Francia) que pone sobre la mesa otras demandas, principalmente un aumento de las bajísimas pensiones del sistema privado, herencia de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Jaqueado por una indignación popular que parece lejos de aplacarse, Piñera pidió “perdón” a sus compatriotas y reconoció su “falta de visión” para anticipar el estallido. Cambió así el tono un par de días después de afirmar que el país estaba “en guerra”.

El mandatario además anunció un paquete de medidas, entre ellas mejorar las pensiones de los más pobres, suspender un aumento del 9,2% de las cuentas de la luz, complementar el salario mínimo, establecer un seguro para la compra de medicamentos y aumentar los impuestos a sectores de mayores ingresos.

También planteó reducir las dietas de los parlamentarios y altos sueldos de la administración pública, junto a la disminución del número de congresistas y limitación de reelecciones. Pero las medidas no dejaron satisfecha a gran parte de la población.

Ecuador: Moreno resiste

El gobierno del ecuatoriano Lenin Moreno enfrentó una ola de descontento social por eliminar subsidios por 1.300 millones de dólares a los combustibles más utilizados en el país petrolero, en el marco de una cura de austeridad pactada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) a cambio de un auxilio de 4.209 millones de dólares.

El retiro de los subsidios elevó hasta 123% los precios del diésel y de gasolina común.

Las manifestaciones dejaron siete muertos, 1.340 heridos y 1.152 detenidos, según el balance de la Defensoría del Pueblo.

Castigado por un alto endeudamiento y la iliquidez de su dolarizada economía, Ecuador pactó en marzo un programa de préstamos con el FMI que alcanza los US$ 4.203 millones. También, dio a conocer reformas tributarias, así como laborales que afectan a los empleados públicos.

Ante la presión, el presidente Moreno se vio obligado a trasladar su sede de gobierno de Quito a Guayaquil ante el acecho de los manifestantes que ocuparon el palacio presidencial. Además, acusó a su antecesor y exaliado Rafael Correa y al líder chavista venezolano, Nicolás Maduro, de querer desestabilizar su gobierno.

Movilizaciones en Ecuador, en el pasado no muy lejano, habían provocado el derrocamiento de tres gobernantes entre 1997 y 2005. Moreno resistió al embiste.

Bolivia: Convulsión política

El gobierno interino de Bolivia anula el 24 de noviembre la controvertida reelección del presidente Evo Morales, tras cuatro semanas de protestas, que causaron varias decenas de muertos. Abandonado por la policía y el ejército, el primer presidente indígena del país dimite el 10 de noviembre a pedido de las Fuerzas Armadas y decide exiliarse en México denunciando un golpe de Estado.

En Bolivia las manifestaciones tomaron fuerza para exigir el respeto a la democracia tras las controvertidas elecciones presidenciales en las que el ahora expresidente socialista Evo Morales buscó -pese a prohibición constitucional- un cuarto mandato consecutivo.

El país quedó convulsionado tras esos comicios calificados de “irregulares” y denuncias de “fraude” por la oposición boliviana y organismos internacional como la Organización de los Estados Americanos (OEA), y que terminó con la renuncia a la jefatura de Estado de Morales y de su vicepresidente Alvaro García Lineras como así también los presidentes de las cámaras de Diputado y del Senado.

Tras dejar México, Morales llegó en calidad de refugiado en Argentina.

Colombia: explosión pos conflicto

Colombia se subió así al tren de las protestas populares que partió de Ecuador, pasó por Chile –donde la protesta todavía arde– e hizo una parada en Bolivia, sin un denominador común, salvo la activa participación juvenil.

La protesta contra el gobierno conservador de Iván Duque comenzó con una huelga sindical y estudiantil, respaldada por la oposición y los indígenas, pero luego se transformó en una explosión del malestar que por décadas estuvo contenido bajo el conflicto con la ya disuelta guerrilla FARC.

La firma de la paz con ese grupo, en 2016, dio paso a una inédita protesta social, de larga duración e intermitente intensidad, pero ya sin el estigma de la subversión.

Desde el 21 de noviembre ya son tres huelgas y varias concentraciones con decenas de miles en las vías.

Hong Kong: por la libertad

Hong Kong fue escenario de decenas manifestaciones desde que dejó de ser colonia británica, en 1997. En junio pasado más de un millón de personas protestaron contra el plan de extradiciones a la República Popular de China (comunista).

La desconfianza hacia el Gobierno de Pekín fue en aumento desde que desaparecieron varios críticos del Partido Comunista chino.

No se recordaba una acción similar desde la que congregó a 1,5 millones de personas aún bajo el gobierno colonial (1989), en apoyo a los manifestantes de Tiananmen.

El régimen dictatorial chino busca instaurar una “ley de extradición” a este territorio semi-autónomo, que le permitirá llevar a territorio chino y encarcelar a cualquiera que se oponga al régimen comunista.

El comunismo es una ideología totalitaria que exige la eliminación de la sociedad de cualquiera que se oponga a sus lineamientos, y que es responsable del mayor genocidio cometido en la historia de la humanidad, superando con creces al cometido por el nazismo, la otra ideología totalitaria que prosperó en el siglo XX.

Desde el 9 de junio el movimiento empezó con el rechazo de un proyecto de ley, ahora suspendido, que autorizaba las extradiciones a la China continental.

Luego las protestas se ampliaron para pedir que se mantengan las libertades democráticas de las que goza Hong Kong, en particular la libertad de expresión y la independencia de la justicia.

En teoría esta excolonia británica, que volvió bajo control de China en 1997, debería conservar sus libertades hasta 2047 gracias al acuerdo de retrocesión.

Las demandas de los manifestantes, que inicialmente se centraban en la retirada de la polémica propuesta de ley de extradición, ahora se han ampliado a aspectos más amplios de la lucha democrática, como la demanda del sufragio universal, caballo de batalla de la Revolución de los Paraguas de 2014.

<b>Francia: reforma de pensiones</b>

Si bien las protestas de los Chalecos Amarillos en Francia estallaron en noviembre 2018 no fue sino hasta enero de 2019 que tomaron fuerza, pese a no tener un liderazgo identificable. Las manifestaciones se dieron primero en contra del alza de los impuestos a los combustibles, pero luego pasaron a exigir una mayor justicia social y fiscal, así como una mayor participación del pueblo en la toma de decisiones.

La jubilación es un tema sensible en Francia ya que la población defiende con uñas y dientes uno de los sistemas más generosos del mundo. Actualmente, el país gobernado por Emmanuel Macron lleva ya unos diez días de huelga de transportes.

La perspectiva de una Navidad sin trenes ni metros y con los aeropuertos colapsados preocupa a los ciudadanos y al gobierno que quiere reunirse con los sindicatos para hablar sobre su polémica reforma del sistema jubilatoria.

Irán: crisis inédita

La medida de fuerza que originó las manifestaciones en este Estado teocrático es un aumento del precio de la gasolina en 50% para los primeros 60 litros comprados cada mes --de 10.000 a 15.000 riales (moneda iraní), unos 11 céntimos de euro--, y en un 300% para los litros siguientes.

La protesta se inició el 15 de noviembre en plena crisis económica, y se propagó por un centenar de ciudades. Las autoridades dijeron que habían instaurado el orden en unos días. Esto al precio de una “terrible matanza”, denunció Amnistía a principios de diciembre. La organización internacional estima en al menos 403 los fallecidos.

Estados Unidos, por su parte, dijo que las autoridades iraníes pueden haber provocado la muerte de más de 1.000 personas en la represión de las protestas en las últimas semanas, que según Washington suponen la mayor crisis política que ha enfrentado el gobierno de la República Islámica.

Irán calificó los altos índices de muertes reportados por fuentes extranjeras como “mentiras absolutas” y hasta el momento ha confirmado solo cinco decesos: cuatro miembros de la fuerza de seguridad que habrían sido asesinados por “alborotadores” y un civil.

Líbano: Revolución del WhatsApp

El Líbano enfrentó una movilización popular inédita en años. La ira popular estalló el pasado 17 de octubre luego de que el gobierno anunciara el cobro de un impuesto sobre las llamadas telefónicas a través de WhatsApp. Pese a la rápida anulación de la medida la revuelta se extendió en todo el país.

Luego, en una protesta generalizada, exigieron el reemplazo completo de una clase política que ha permanecido en el poder casi sin cambios desde la guerra civil (1975-1990). Treinta años después, muchos de los líderes de la época siguen presentes. Los que murieron o son demasiado viejos fueron reemplazados por miembros de sus familias.

El Primer ministro libanés Saad Hariri (sunita) anunció su dimisión. Pero la aceptación o rechazo de la renuncia quedó en manos del presidente libanés Michel Aoun (cristiano). Por su parte, el poderoso grupo Hezbolá (chii) rechazó la petición popular de renuncia.

Según la Constitución, el jefe del Estado debe ser cristiano maronita, mientras que el primer ministro debe ser musulmán suní y el del Parlamento, un musulmán chií.