El desafío de probar la inocencia

Fernando es un hombre libre desde el 29 de abril, luego de que lo absolvieran de tres cargos relacionados a un abuso sexual que nunca ocurrió y del cual fue acusado en Kansas, EE.UU. Tras el torbellino que duró siete meses, nos cuenta su experiencia.

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Un profundo suspiro antecedió a la respuesta del joven compatriota al ser consultado sobre los sentimientos que tuvo al escuchar la palabra "inocente" en tres ocasiones ante los cargos de abuso sexual, atropello y sodomía de los que lo acusaban en un juicio llevado a cabo en la Corte de Hays, Kansas, Estados Unidos. "Es difícil explicar; (durante el proceso) realmente nunca me sentí tan mal pero siempre estuve firme aunque fue un gran desafío mantener mi inocencia", replicó finalmente en un contacto con ABC Color, apenas unas horas después de su liberación.

El entrevistado es Fernando Salvador Insaurralde Cantero, de 20 años, próximo a cumplir 21 el 5 de junio. Hace exactamente un año no podría haber previsto todo lo que le tocaría vivir al tener la oportunidad de cumplir "el sueño americano" que muchos anhelan. Es que con su perfil, una joven promesa del fútbol que por su excelencia y desempeño fue becado a la Fort Hays State University de Estados Unidos, en el condado de Kansas, sólo podía preverse un futuro aún más brillante que su propia personalidad. Pero eso no pasaría, al menos en el siguiente medio año.

"Siete meses, desde el 29 de setiembre, cuando me arrestaron". Ese fue el tiempo que Fernando, especialmente en el primer trimestre, debió soportar el proceso, sin ninguna esperanza, ya que nada lo ayudaba. No tenía pruebas para demostrar que era inocente del caso de abuso sexual que le atribuían. No podía entender qué hacía preso, porque lo único que recordaba era haber tenido una relación sexual casual con una joven. Sabía que no la había forzado a nada.

Pena máxima. Pero no sólo él no contaba con pruebas, sino tampoco la Fiscalía que sostenía la acusación en su contra. Es por eso que luego de una primera estimación de pena máxima a la que estaba expuesto -22 años- los agentes fueron disminuyéndola, primero a 11 años, luego a cinco años, y finalmente la deportación pero aceptando los tres cargos por abuso sexual, atropello y sodomía. "Pero siempre quise ir a juicio para que se aclare todo y se haga justicia", relató.

Pese a que en ese momento el panorama no era precisamente prometedor, Fernando siguió teniendo "fe en Dios", a quien durante toda la entrevista mencionó en reiteradas ocasiones.

¿Qué fue lo que te motivó a seguir pese a las adversidades?

"Que no lo hice. El abogado habló conmigo, empezó a estudiar el caso, a sacar evidencias como mensajes de WhatsApp que aparecieron un mes antes del juicio donde la supuesta víctima contaba que tuvo relaciones sexuales conmigo, videos de circuito cerrado, además de un testigo que dijo haber visto cuando ella me abrazaba y me besaba. Pero también hay documentos falsos que la Policía o alguien falsificó": las fechas de los mensajes no coincidían con el día de la supuesta violación y la defensa alegó tres versiones diferentes sobre este punto. El otro aspecto que no concordaba era que la supuesta violación ocurrió el 20 de setiembre; sin embargo, la joven lo denunció recién cinco días después.

Dichas pruebas, conseguidas recién un mes antes del juicio celebrado el 25 de abril, fueron determinantes para su liberación, concedida finalmente el viernes 29 de abril.

Muy justos. Fernando consideró que en su caso no hubo discriminación por parte de la justicia debido a su condición de latino. Muy por el contrario, argumentó que el jurado que finalmente decidió su inocencia estaba enteramente compuesto por "blancos de esa ciudad (Kansas). Todos eran estadounidenses y fueron muy justos", según él los describió.

Fernando habló de las personas que lo ayudaron a sobrellevar los duros momentos que le tocaron vivir. En primer lugar citó a un pastor y su familia, con quienes tuvo mucho contacto, desde el 4 de enero, cuando le concedieron la libertad ambulatoria mientras aguardaban por el juicio oral. "Fue una bendición (conocerlos) para seguir adelante. Eso fue lo principal y eso me ayudaba a seguir firme, (además) conocí a muchas personas a través de ellos", señaló.

Sobre la diplomacia de nuestro país, reconoció el interés del cónsul Reinaldo Cubilla, quien al principio del proceso fue el que motivó la comunicación con su familia, específicamente su madre Gladys Cantero. No ocurrió lo mismo, sin embargo, con el embajador Germán Rojas. "En ningún momento ninguna autoridad de Paraguay se ofreció a ayudarme. Incluso tuve una conversación con el embajador de Paraguay, Germán Rojas, a quien yo le llamé, pero nada", sentenció.

Luego de ser declarado en libertad, Fernando ahora se encuentra en Kansas, donde aún quedan algunas gestiones por realizar. Relató que su deseo es retomar sus estudios, ya que ese fue su objetivo desde un principio. "Cuando pasó todo me encontraba estudiando inglés e iba a empezar a estudiar Comercio Internacional", dijo. Agregó que le tocará visitar la Fort Hays University, para ver la posibilidad de trasladar su beca a otra casa de estudios, ya que por recomendación de su abogado, lo mejor es no seguir en dicho lugar.

No se olvidó, por supuesto, del apoyo incondicional de su familia, sus amigos y conocidos. Y en este punto dijo que también los mensajes de aliento recibidos desde nuestro país fueron los que lo ayudaron a seguir. "El apoyo de la gente a través de las redes me ayudó a seguir con el desafío, siempre firme", concluyó.