No próximamente: “White God”

La revolución canina estalla en este duro y brutal pero inolvidable drama húngaro que examina el abandono y la discriminación en forma alegórica.

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No Próximamente es una entrega semanal dedicada a destacar y reseñar películas recientes que, según mis estimaciones, difícilmente lleguen a cines de Paraguay (aunque esas estimaciones han sido equivocadas en dos ocasiones hasta ahora).

White God es uno de esos filmes que se prestan a generar primeras impresiones fáciles y quizá algo engañosas; uno ve el póster del filme o el tráiler y se hace la imagen en la cabeza de algo no muy distinto a la reciente El Planeta de los Simios: Revolución, con la misma trama de animales abusados e incomprendidos que se organzizan y se levantan en violenta rebelión.

Y esa impresión no es exactamente incorrecta, la película básicamente es eso, aunque sin elementos de ciencia ficción o criaturas digitales interpretadas por Andy Serkis. Pero también es mucho, mucho más que eso.

Esta interesante producción húngara se centra en Lili (Zsófia Psotta), una adolescente con inclinaciones musicales, y su adorado perro Hagen. Sus padres están separados, y un viaje de negocios de su madre a Australia significa que Lili tendrá que pasar meses viviendo con su padre, Dániel (Sándor Zsótér).

La relación entre el hombre y su hija ya era complicada, pero la presencia de Hagen acaba por llevarla al punto de quiebre cuando, en un arrebato de frustración, Dániel deja en la calle al perro. Mientras Lili intenta desesperadamente encontrar a su mascota, el confundido Hagen vaga por las inmisericordes calles de la ciudad, con su situación empeorando cada vez más.

 

Eventualmente la película va bifurcándose, lidiando por separado con la nueva y dura vida de Hagen y con la vida de Lili, cuyas preocupaciones no se limitan a su perro perdido sino también a sus obligaciones artísticas, su incómoda vida social y la dañada relación con su padre, que evoluciona en formas curiosas. Aún así, cada vez que el director Kornél Mundruczó desvía la mirada hacia los humanos, la película pierde impulso. No es que los segmentos humanos sean realmente malos, simplemente no son muy interesantes o tienen nada particularmente memorable; Lili tiene problemas en su orquesta, coquetea con drogas con resultados previsibles y tiene un enamoramiento no correspondido, y nada se siente especialmente indispensable para la película más allá de cómo la relación con su padre va cambiando.

La cosa se pone mucho más interesante, aunque también mucho más brutal, en el lado animal de la historia. Las aventuras de Hagen en la ciudad comienzan de forma aparentemente inocente, mientras Hagen se enfrenta a problemas como por ejemplo cómo encontrar comida o evitar ser atropellado por algún automóvil.

Sin embargo, pronto el desafortunado can está huyendo desesperadamente de empleados municipales uniformados que cazan a los animales que rondan las calles, y la cosa comienza a tomar otros matices, con un bastante obvio subtexto sobre la deshumanización y la crueldad contra los rechazados, los “inferiores”, que hace eco con el problemático pasado azotado por el fascismo de Europa y, quizá de forma más actual con la situación de la continua crisis de refugiados en Europa y en Hungría en particular.

Y ese solo es el principio. Mientras su odisea avanza, Hagen va encontrándose con la indiferencia humana en el menos grave de los casos, y en sus peores momentos con lo más detestable que la especie tiene para ofrecer. Estén advertidos, este es un filme que resultará difícil de ver para quienes sean muy sensibles a la violencia o la crueldad contra animales; el hecho de que Mundruczó mantiene la mayor parte de la violencia fuera de cámara, generalmente transmitiéndola con sonido y sugestión, solo logra que los momentos en los que sí se pone explícito sean aún más chocantes y duros, algo que solo es incrementado por el hecho de que el par de perros que interpretan a Hagen son enormemente expresivos.

Eventualmente el filme llega a un clímax que se siente familiar, muy similar a la ya mencionada precuela de El Planeta de los Simios, pero sin la catarsis revanchista de la revolución de César. Lo que en aquél filme era una valiente escapada hacia la libertad, aquí es una confusa y desesperada búsqueda de venganza, con momentos que en otros filmes serían celebratorios y conmovedores pero que aquí son enormemente trágicos.

White God es atrevida y brutal en sus reflexiones, contradictoriamente bella en su apartado visual comparado con lo feo de su triste historia. Un filme imperfecto pero inolvidable.

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WHITE GOD (Fehér Isten)

Dirigida por Kornél Mundruczó

Escrita por Kornél MundruczóViktória PetrányiKata Wéber

Producida por Viktória PetrányiEszter Gyárfás

Edición por Dávid Jancsó

Dirección de fotografía por Marcell Rév

Banda sonora compuesta por Asher Goldschmidt

Elenco: Zsófia Psotta, Sándor ZsótérLili HorváthSzabolcs ThuróczyLili MonoriGergely BánkiTamás PolgárKároly AscherBence Csepeli

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