Pablo, solo un número en la “lista negra”

Una declaración testimonial del año 2014 revela que para el clan Acosta Marques, Pablo Medina era solo un número en la lista de personas a eliminar, puesto a que interfería con los negocios ilícitos de la familia, por medio de sus publicaciones.

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En diciembre de 2014, poco más de un mes después del cruel asesinato del corresponsal de ABC Color en Curuguaty, y de la joven Antonia Almada, fue convocado para una declaración testimonial el ciudadano de nombre Casimiro Núñez Benítez, hermano de Julián Núñez, exintendente de Ypejhú, quien en agosto de ese año también fue asesinado.

Con el correr de las investigaciones y el trágico final de ambas personas, Núñez y Medina se verían unidos en una macabra coincidencia, que a su vez reflejó el total desprecio por la vida humana de parte del clan Acosta Marques, que estableció en esta pequeña localidad del departamento de Canindeyú, el epicentro de su actividad criminal, específicamente el tráfico de drogas hacia el Brasil, dejando a su paso dolor, sangre y muerte.

El trabajador de prensa y el declarante estaban incluidos en una lista elaborada por el considerado como cabeza del clan, Vilmar Acosta Marques, hoy en el banquillo de los acusados, como presunto autor moral del asesinato de Medina y de la estudiante Antonia Almada.

Con la mente fría, el entonces intendente de Ypejhú tenía preestablecido quiénes estorbaban los oscuros negocios del clan, que no le bastaba con tener una zona liberada para el narcotráfico y el respaldo de políticos departamentales para manejarse con total impunidad, también era necesario infundir terror en la población.

La lista en cuestión se dio a conocer semanas después del asesinato de Julián Núñez, en la misma estaba incluidos, “los hermanos Fernández (cuñados del político asesinado), en el tercero mi nombre (Casimiro Núñez) y el cuarto sería Pablo Medina”, expresa parte de la declaración testimonial de Casimiro Núñez.

La existencia de la lista le fue comunicada a otro hermano de nombre Manuel Núñez, en una llamada telefónica. Ya para ese entonces tanto Casimiro como el resto de la familia recibió la recomendación de abandonar Ypejhú ante una inminente represalia del clan Acosta, que tenía el control total de la localidad, estaba al tanto de quién entraba, quién salía.

De acuerdo a la declaración de Casimiro, los integrantes de la gavilla intentaron por todos los medios, concretar la orden de eliminar a quienes integraban la lista. Los Fernández lograron abandonar la comunidad. Pero en octubre los sicarios al servicio de Neneco Acosta, terminarían concretando el cruel asesinato de Pablo Medina, en un camino vecinal, para luego ir a festejar en una finca familiar.

A poco más de tres años de estos crímenes, el clan en principio parece desbaratado con Neneco en juicio y uno de los sicarios Flavio Acosta, recluido en el Brasil, no obstante permanece prófugo Wilson Acosta, uno de los más peligrosos miembros del grupo.

 

 

 

 

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