Un lugar ideal para la reinserción

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Parecido a una quinta de descanso, en medio de la naturaleza y tranquilidad, con animales de granja. Es el centro “La Esperanza”, donde menores infractores reciben rehabilitación.

“La Esperanza” se encuentra detrás del Centro Educativo, en la ciudad de Itauguá. Su acceso es por una calle aledaña y, con gestiones previas, está abierto a todo público.

A diferencia del Centro Educativo, donde existen pabellones y guardias de seguridad, “La Esperanza” es un sitio con poquísimas restricciones pero muchas oportunidades.

El director de “La Esperanza” es Osvaldo Daniel Zaracho, quien amablemente recibió a un equipo de ABC Color y mostró parte de las instalaciones del sitio.

Contó que en el lugar (a inicios de diciembre) hay solo ocho menores infractores, especialmente seleccionados para estar en el sitio.

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Los menores infractores tienen un sistema mediante el cual mantienen ocupado el tiempo a diario, como por ejemplo la limpieza, el contacto con la comunidad y otras actividades.

Una de las mayores motivaciones en el lugar es la cría de aves (pollos) y cerdos, que es un modo de incentivar a un trabajo digno y sustentable. También mantienen una chacra.

No cualquier menor infractor puede ingresar al sitio; pasa por un filtro en el Centro Educativo de Itauguá y luego, una vez en el predio, tiene que someterse a reglas de conducta.

En “La Esperanza” no hay guardias, sino funcionarios penitenciarios pero sin armas de fuego. La comunidad está en contacto con los menores, a fin de crear una socialización.

Los menores también aprenden oficios, no se les permite vicios y viven en armonía en el lugar. Tampoco se les permite ir al Centro Educativo, pese a que son “vecinos”.

Grupos religiosos visitan el lugar los sábados, charlan e intercambian ideas con ellos, bajo la agradable sombra de los árboles o del quincho.

Es un lugar discreto en Itauguá, pero sin mucha promoción, donde la meta es la reinserción de los jóvenes.