Censura en el régimen

Este artículo tiene 13 años de antigüedad
Imagen sin descripción

Los relatos de un matrimonio de periodistas ponen en evidencia la censura del régimen stronista. Tanto Edwin como Alicia Brítez cuentan cómo se enfrentaron a ese clima enviciado por la corrupción, la compra de conciencia y el castigo para los “no amigos”.

Edwin Brítez llegó a ABC Color en el '71, ya cuando el régimen dictatorial estaba vigente y poniendo el ojo en cada uno de los periodistas del Paraguay. Si bien en esa época el periodismo era más político y subjetivo, había periodistas independientes que estaban en la prensa comercial.

Eran ellos los más perseguidos por el régimen, que aplicaba mecanimos de control como la persecución, el acoso y la tortura. Brítez fue encarcelado y su esposa Alicia varias veces golpeada por los policías.

“Existían lecciones entre comillas para los periodistas que no se ajustaban a las normas de las directivas y la disciplina de la dictadura y consistían en la detención, deportación, destierro, y también la descalificación porque hacían toda una campaña en contra de ciertos periodistas de ciertos medios, de manera a que la gente se atemorice no por lo que se decía, sino por lo que a uno le pudiera pasar dentro de ese clima que ocurría en el país”, comenta Edwin.

ABC Color fue el periódico que fue censurado y cerrado por orden del dictador el 22 de marzo de 1984, tras convertirse en un medio innovador, una escuela periodística y un medio crítico del régimen, uno de los pocos.

“ABC Color lo que hizo es innovar el periodismo con un nuevo sistema de impresión que es el sistema offset, un sistema tecnológico innovador, y el tamaño tabloide y los colores. Eso fue el boom de ABC, a eso se agregó que el diario contrató a gente totalmente nueva que se fueron formando en la redacción con una disciplina diferente al periodismo pre ABC; de alguna manera se constituyó en una escuela”, comenta el periodista.

El mismo relata que todos estos pasos dados por el medio causaron el enojo del entonces presidente Alfredo Stroessner, quien comenzó a hostigar al medio utilizando la persecución a los periodistas y al mismo director, Aldo Zuccolillo, preso en varias oportunidades.

“Atajaban nuestros vehículos lejos, y le hacía esperar hasta la tarde cuando ya nadie quería comprar y le permitia llegar a la competencia y ya nadie quería ABC Color. Cuando eso la competencia era Última Hora, que nació en el '79”, comenta.

Alicia Brítez, una joven de 23 años que luchaba contra la dictadura, formaba parte de un grupo de comunicadores que hacían a escondidas la revista “Nuestro Tiempo”, en la que también estaban Edwin, su esposo, y Alcibiades González Delvalle.

La revista nace luego del cierre de ABC Color, como una forma de continuar con la oposición al régimen. “Todos teníamos el espiritu de libertad; la oficina estaba en Radio Cáritas, frente a la Iglesia San Francisco y siempre merodeaban por ahí policías”, relata.

Luego se mudaron al edificio Segesa, frente al local San Marco, donde todos los políticos se reunían e intercambiaban servilletas con mensajes. Estaba sobre Alberdi y Oliva. “Era un lugar asediado por policías permanentemente porque había gente del MOPOCO”, cuenta.

Algo que parecía un mito y que fue una realidad es cómo Alfredo Stroessner manipulaba los datos más ínfimos para dar esa impresión de que el Paraguay vivía un gobierno de bienestar y democracia.

Manipulaba la temperatura donde la máxima era de 34º aunque la gente en el exterior se “asaba” en el calor. Los datos de las rutas también eran modificados. Siempre era el mismo informe -recuerda Alicia- de que la ruta a Yabebyry era la única clausurada y el resto estaba siempre accesible. Esto se repetía con sol y lluvia.

Los datos sobre la subida o bajante del nivel del río Paraguay también eran mantenidos en secreto por el gobierno de Stroessner hasta la inundación del '83, donde se vio obligado a informar para rescatar a personas atrapadas en árboles. “No se informaba sobre el tiempo, ni las tormentas, solo se informaba para Asunción y no existía para la gente del interior porque no había tele en el interior”, cuenta.

Alicia recuerda que una noche llegaron a su casa policías del régimen que tras detener a su esposo, fueron a requisar su vivienda. En aquella ocasión, sus hijos, de 3 y 4 años, fueron rescatados por los vecinos ante el temor de que algo pudiera ocurrir.

“Pastor Coronel quiere hablar contigo”, era la frase con la cual informaban a Edwin que quedaba detenido en el calabozo del Departamento de Investigaciones. “Ese día le pedí a mi vecino -que resultó ser el pyrague- que le llevaran a mis hijos. Los niños le ven a su papá todo esposado y los policías rompen la puerta y allí le hicieron correr a mis hijos hasta General Santos y Perón”, relata.

Alicia, quien fue amenazada por los policías para no decir nada, por la desesperación recurrió a todos los medios de comunicación para evitar que su esposo sea una víctima más del régimen. “Me fui a Investigaciones con Luis Guanes Gondra y Guillermo Faulop, de Ñanduti. Le tuvieron 30 horas preso”, refiere.

Alicia fue "marcada" por el régimen como revoltosa, lo que meses después le valió unos cuantos cachiporrazos y patadas de la Policía en una manifestación contra la dictadura. "Si no fuese por un señor alto y gordo que no sé quien era, me iban a matar allí", comenta.

Alicia cuenta que no se rindieron ante el régimen dictatorial y decidieron continuar con la revista que fundaron. Es así que comenzó una nueva guerra contra la opresión a través de la revista Nuestro Tiempo.

Edwin, Alicia y Alcibiades se decidieron a continuar. Fue la imprensa El Gráfico la que sacó a luz el primer número de la revista a nivel nacional. Pero no se hizo esperar el régimen, ya que 15 días después allanó la gráfica y destruyó la misma como un mensaje a las otras gráficas para que no se prestarán al juego de la libertad de expresión.

Pero la tenacidad llevó a este grupo a probar otro intento, esta vez fuera del país. En Foz de Yguazú contactaron con otra imprenta donde pudieron volver a imprimir las ediciones de la revista, que empleó a 54 personas.

Lograron sacar 2.500 ediciones y fue Alcibiades el encargado de traer los números al Paraguay, pero en el trayecto fue reconocido por los policías, lo que motivó su huída y, por supuesto, la incautación de todo el material.

Entonces, Alicia decidió tomar el riesgo, pese al temor, y decidió ser la encargada de meter las ediciones al Paraguay, utilizando un mecanismo pecualiar que era el de pegar a su cuerpo alrededor de 50 números de la revista, simulando ser una mujer embarazada, y así repetía su paso hasta traer todos los números.

Edwin relata que fue Stroessner el que implementó la compra de conciencia sea voluntaria o en forma obligatoria. Los que no aceptaban estaban en la lista negra de los periodistas no amigos del gobierno.

“La fuentes informativas eran las instituciones del Estado, cosa que ocurre hasta ahora. Entonces los agentes del régimen incluían en su presupuesto un rubro para los periodistas y había muchos colegas que no se animaban a rechazar y los que no recibíamos estabamos en la lista negra, custodiados, marcados. Había periodistas que acumulaba el 'rubro' y juntaban de cuatro a cinco”, relata.

El mismo señala que este vicio persiste hoy en día, con la diferencia de que ya depende de la voluntad de los periodistas para rechazar o aceptar las motivaciones económicas.