Policía, brazo ejecutor

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En 1954, a través de un golpe militar, el general Alfredo Stroessner asumía la presidencia del Paraguay. Con el correr del tiempo, su gobierno se transformaría en una de las dictaduras más largas de América Latina.

La dictadura se basó en el poder militar y policial, básicamente. La temible Policía de la Capital era el órgano represor de toda la época stronista.

El temible Departamento de Investigaciones, el Ministerio del Interior y las comisarías eran lugares a los que nadie quería llegar.

Una gran red de informantes (pyrague) tenía la Policía stronista. Las temibles patrulleras rojas, conocidas como “Caperucitas”, rondaban en horas de la noche, para preservar el “orden”.

A finales de los '60 y durante los '70 y '80, la Policía de la Capital tuvo "gran protagonismo", reprimiendo a campesinos, dirigentes políticos, pensadores, periodistas y a toda persona que se oponía al régimen stronista.

Los “comunistas”, como eran etiquetados los opositores a Alfredo Stroessner, eran perseguidos, encarcelados, torturados y, en muchos de los casos, asesinados en las mazmorras stronistas.

El ministro del Interior, Agusto Sabino Montanaro, el jefe de Policía, Alcibiades Brítez Borges, y el jefe de Investigaciones, Pastor Coronel, eran los brazos ejecutores de las "barbaries represivas".

Pastor Coronel fue el encargado de elaborar una estructura perversa de informantes y fue quien confeccionó archivos y fichas de todas las personas detenidas por la Policía.

Creó una red de informantes que estaban mimetizados en facultades, centros de estudiantes, empresas y gremios, para saber acerca del movimiento de todas las personas que no comulgaban con el régimen.

Coronel contó con el apoyo de policías como Alberto Cantero, Eusebio Torres y otros que participaban en sesiones de torturas a presos políticos.

La Policía era la encargada de “sacar” la verdad a los “comunistas” que eran detenidos. En sesiones de torturas murieron muchas personas que, por el simple hecho de pensar diferente, eran sometidas a terribles vejámenes.

Mucha gente tuvo que dejar el país para poder seguir con vida, hasta que el 3 de febrero de 1989 el régimen dictatorial de Alfredo Stroessner llegó a su fin y con él también la Policía de la Capital.

Ya en los '90, la Policía se convirtió en Nacional y nuevos aires soplaron en una institución que estuvo al servicio de la dictadura por más de 30 años.