El filme, adaptación de la novela homónima del paraguayo Guido Rodríguez Alcalá, es una libre interpretación de la vida de Bernardo Aranda, locutor de radio asesinado en circunstancias misteriosas en 1959, una historia, que según explica el cineasta en entrevista con EFE, le permitió no sólo hacer memoria y hablar de algo muy local y muy propio de Paraguay, sino también “pensar en los miedos del presente” y en todo lo que está pasando en el mundo.
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“Por más que a veces nos parece que los años 50 están muy lejos, pueden estar también muy cerca y la película creo que tiene en alguna medida esos miedos un poco con respecto al futuro y esa necesidad enorme de reflexionar para no repetir los mismos errores”, señala.
En el Paraguay de 1958, bajo un régimen militar asfixiante, el carismático y misterioso Narciso regresa de Buenos Aires con el rock & roll en las venas y se convierte en una sensación radiofónica y en un símbolo de libertad.
Aunque la historia real sucedió en torno a una radio, para Martinessi la radio es también un “territorio de disputa”, un lugar donde estaba la música paraguaya, donde se escenificaba para el público la historia de Drácula y “a donde llega el rock & roll como un elemento disruptivo con este joven Narciso”.
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“Pero llega sobre todo con un entusiasmo que no existía , a una Asunción muy parecida a la vieja Madrid tal vez, una Asunción muy provinciana”, añade, donde no había llegado todavía la televisión y la radio era realmente el único medio que podía tener un alcance masivo.

Así, la radio daba “la oportunidad de ver ahí en la oscuridad a ese pueblo callado que de repente con el rock se transforma también”.
Martinessi busca retratar la sociedad y la gente que sostiene estos regímenes autoritarios, porque, subraya, no se puede solamente aislar la figura del dictador, ya sea Alfredo Stroessner o Francisco Franco, sino que todo esto “está rodeado de un tejido social que lo sostiene” por conveniencia y a veces incluso por fe, explica.
El actor paraguayo Diro Romero, que encarna a Narciso, destaca a EFE su interés por interpretar a una persona que “entró como de contramano” en una sociedad en la que se estaba empezando a instalar una especie de calma o calma aparente para romper esta calma con el rock & roll, que era libertad, rebeldía y movimiento.

“Narciso era bastante libre (...), le parecía injusto no poder ser uno mismo”, afirma, y apunta que justamente esa búsqueda de la libertad hizo que tuviera tantos adeptos.
Para el actor argentino Nahuel Pérez Biscayart, que en el filme interpreta a un empleado diplomático estadounidense, le parece muy acertada la manera en la que Martinessi decide retratar a la sociedad paraguaya y al inicio de este régimen autoritario en esa estación de radio en la que “lo íntimo se vuelve muy político y lo político se vuelve muy íntimo”.

La actriz española Mona Martínez, que interpreta a la mujer que regenta la pensión donde se hospeda Narciso, explica a EFE que su personaje “es un poco el oráculo de lo que va a suceder”.
Así, ella es una mujer que viene de España, de donde salió después de la guerra civil huyendo de la dictadura que se va a instaurar y se va buscando libertad. Pero llega a Paraguay, donde no logra prosperar y donde “ya sabe de antemano en lo que se va a convertir ese país que empieza a estar bajo la dictadura de Stroessner y que duró tanto años”, resume.
