El huracán Keiko Matsui arrasa en Asunción

El clima del julio paraguayo está inestable. La noche del viernes 15 el calor empezaría a tornarse en su opuesto y se pronosticaba también una tormenta que no llegó en tales condiciones. Pero en un punto específico de Asunción, dentro del Teatro Agustín Barrios del Centro Paraguayo Japonés, un huracán pero musical se estaba desatando con la presencia de la japonesa Keiko Matsui, pianista desbordante en talento y gracia.

Keiko Matsui en un momento del concierto ofrecido por primera vez en Paraguay.
Keiko Matsui en un momento del concierto ofrecido por primera vez en Paraguay.Rodrigo Centurión

Si bien un huracán es un fenómeno natural que causa estragos arrasando todo a su paso, esta presencia generó estragos pero de los buenos, infectando a la gente que llenó el teatro con una presencia y carisma únicos. La espontaneidad de Keiko Matsui, quien actuó junto a la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción y con varios invitados durante la noche, fue el pasaje directo al corazón de todos.

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La antesala emotiva la dio el dúo Purahéi Soul, conformado por las excepcionales voces de Jennifer Hicks y Miguel Narváez, quienes erizaron la piel con un himno al hecho de soltar: “Desapego”. Tras los aplausos de agradecimiento de una platea ya enfervorizada, ingresó la OSCA para seguir calentando motores con la “Danza paraguaya”, de Agustín Barrios, y “El pájaro campana”, de Félix Pérez Cardozo, con el arpista Marcos Lucena como solista, quien tuvo un destacable desempeño.

Keiko y su magnetismo irresistible

Pequeña solo en contextura física, pero con una sonrisa gigante que ocupa todo su rostro y una ternura que enamora desde el primer instante en que ingresa al escenario. Es así su presencia. Y fue así como encandiló a todos desde su primera interpretación junto a la OSCA al son de su obra “The Road”, bajo la dirección de Luis Szaran y con el acompañamiento de una banda integrada por Paula Rodríguez (bajo), César Cipolla (batería), Bruno Muñoz (saxo), José Villamayor (guitarra) y el músico que acompaña a Keiko de gira, el virtuoso guitarrista brasileño JP Mourão.

Todo sonó y se sintió gigante, desde el abordaje intenso y con alma a la ejecución de esta pieza de jazz hasta la intención de cada uno de los músicos. Una explosión de aplausos generó esta primera obra y Keiko se desdobló en sonrisas, levantada de su butaca y con los brazos en alto.

“¡Buenas noches! ¿Mba’eteko? ¡Esta es mi primera visita y estoy muy feliz de estar aquí!”, dijo para luego seguir recibiendo aplausos estruendosos. Seguidamente presentó a la “familia” que la acompañaba esa noche y nombró a los músicos, al director y a la orquesta.

Para las siguientes tres obras invitó al podio al director paraguayo Willian Aguayo y contó a la gente que él realizó la orquestación de las cuatro obras de toda esta primera parte, siendo así estrenos mundiales. Así llegaron “Echo”, que da nombre a su último disco; la “muy espiritual” “Return to Eternity” para la cual invitó al arpista paraguayo Martín Portillo, y la electrizante “Viva Life”.

La ferocidad y sutileza al mismo tiempo con las que Matsui ejecuta el piano deja a uno asombrado, porque demuestra que todo ese esfuerzo que pareciera exigirle realmente sale de “algo más allá” como ella menciona que siente a la música, como una fuerza extraordinaria. Esa fuerza la posee y ella se eleva, haciendo pasear a la gente por diferentes estados entre uno de exaltación como también contemplativo.

Una celebración a los vínculos

“¡Estoy disfrutando mucho! ¿Y ustedes?”, dijo en otro tramo del concierto que ella demostraba disfrutar sin parar. Luego se tomó un momento para presentarnos a su tour manager e ingeniero de sonido Dennis Moody, quien se encontraba en la cabina de sonido y para quien pidió un aplauso, destacando su importancia.

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Seguidamente y fuera de programa, se tomó el “atrevimiento” de presentar una pieza para piano solo llamada “Forever, forever” inspirada en una de sus hijas. Contó que un día la más pequeña de sus dos hijas le había expresado lo mucho que la amaba y que la amaría “para siempre, para siempre”. “Quiero dedicar esta obra a nuestro planeta, esperando que todo pueda ir mejorando. También al Paraguay, al que amo ‘forever, forever’”, exclamó para recibir una ovación del público.

Tras quedar sola con el piano y solo una luz apuntándola, usó al instrumento como su vehículo para emocionar en uno de los momentos más cálidos e íntimos de la velada. En esta misma línea presentó luego, nuevamente, a Purahéi Soul con quienes hizo la guarania “Mborayhu asy”, complementando al piano con el sonido de una melódica que tenía más arriba.

Otra vez con Aguayo en la batuta, llegó el último tramo del recital con “Moon Over Gotham”, compuesto por Matsui inspirada en Nueva York. La batuta pasó a manos de Szaran para “Deep Blue”, la “oración” con la que la artista siempre busca conectar, y “Casablanca”, creado como inspiración de las sensaciones que le produce salir de gira.

“Me siento muy afortunada”, dijo luego de recibir aplausos interminables de un público que la agradecía de pie. Agradeció a todos los músicos, a los directores, a los embajadores que hicieron posible este concierto y a la gente por darse cita con ellos esa noche para conectar a través de la música. “Estoy muy feliz de haberlos conocido”, reconoció para luego entregar como la obra “Bridge Over the Stars” cerrando así una noche que quedará grabada en los corazones de todos los que vivieron este momento irrepetible.

Fotos gentileza de Rodrigo Centurión.

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