Una noche de catarsis y clásicos en el Cosquín Rock Paraguay

Fiesta rockera de Ciro y los Persas, con toques en guaraní.
Fiesta rockera de Ciro y los Persas, con toques en guaraní.

El Anfiteatro “José Asunción Flores” volvió a convertirse en un organismo vivo que respiró al ritmo de las bandas que llegaron a una nueva edición del Cosquín Rock Paraguay. El pasado sábado, el evento volvió a demostrar que el ritual del pogo y la distorsión sigue siendo una necesidad física. Así, bajo el cielo de San Bernardino, se vivió una jornada que fue de la introspección al descontrol.

La jornada arrancó con la frescura necesaria. Tras el paso de los talentos de School of Rock y el ímpetu de Mi sueño póstumo, el sexteto español El Mismo hizo su debut oficial en suelo paraguayo. Con letras cargadas de superación personal y motivación, temas como “Causalidad” y “Seguiré en pie” sirvieron de bienvenida para los primeros valientes que desafiaban el sol.

Poco después, la escena local tomó el mando con Bastianes. La agrupación paraguaya no solo presentó un sonido pop rock potente, sino que ofreció un adelanto de su próximo álbum, Todo lo que queda. Canciones como “Cara de Ángel” y “Cansado” mostraron su faceta más reflexiva, mientras que el cierre con “Tus señales” funcionó como un homenaje a las raíces que los trajeron hasta este escenario.

El groove se apoderó del predio cuando Funk’Chula subió a escena. Con una propuesta sólida que navega entre el R&B y el pop, el grupo transformó la tarde en una fiesta relajada pero enérgica. Presentaron canciones de su nuevo disco, Terminal Funk’Chula, e invitaron a Franco Ocampo (El Culto Casero) para elevar la temperatura. Precisamente, sería El Culto Casero quien encendería el primer pogo del festival. Entre el baile de “Verano Oscuro” y la melancolía de “Te quiero”, Ocampo rompió la distancia con el público, bajando del escenario para saltar en el césped mientras sonaba “Una ciudad”.

El Culto Casero.
El Culto Casero.

El pulso del misticismo y la espera

Cuando el sol se despidió, Nonpalidece tomó el mando. El combo argentino desplegó su bandera de paz y mensaje, convirtiendo el anfiteatro en una marea de vaivén constante. Entre climas relajados y momentos de intensidad reggae, temas como “En el aire”, “Love Song”, “La Flor” y “Tu Sonrisa” marcaron el pulso de una audiencia entregada, que terminó celebrando la vida con una versión coral de “One Love” de Bob Marley.

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La expectativa por Conociendo Rusia se puso a prueba. Tras una demora técnica de media hora, Mateo Sujatovich, “El Ruso”, transformó la espera en entrega total. Con la elegancia de su pop rock de estirpe clásica, encadenó hits como “Puede ser”, “Mundo de cristal” y su reciente “Películas de acción”. El momento de mayor conexión íntima llegó con “La Mexicana”, interpretada solo con guitarra, seguida por el estallido de “Cinco horas menos” y la ya emblemática “Cabildo y Juramento”, coreadas bajo una ovación cerrada.

Mateo Sujatovich, líder de Conociendo Rusia.
Mateo Sujatovich, líder de Conociendo Rusia.

La vigencia de los clásicos y el fuego local

Uno de los puntos más altos de identidad fue el set de Patrick Altamirano. El ex-Revolber demostró que sus canciones son parte del ADN nacional. Paseó por su etapa solista, pero el delirio real llegó con el legad de su anterior banda, con temas como “CasaNueva” (junto a Belén Pinto), “Huye hermano”, “Astronauta casero” y “Chica Tutuka”, que demostraron que el rock paraguayo tiene memoria. Especial mención para “7 hermanos y un misil”, una declaración de principios que el público rugió con fuerza.

Ya entrada la madrugada, apareció el dueño de la ceremonia: Andrés Ciro Martínez. Ataviado con una camisa de ao po’i, el líder de Los Persas ofreció una cátedra de manejo de masas. Hubo guiños al guaraní (“Mba’eichapa nde pyhare”), bromas sobre la canción “Babilonia” y una energía arrolladora. Desde “Vas a bailar” y “Mírenla” hasta los clásicos “piojosos” como “Verano del 92”, “El farolito” y “Astros”, Ciro confirmó que su idilio con Paraguay es inalterable.

Altamirano haciendo "CasaNueva" junto a Belén Pinto.
Altamirano haciendo "CasaNueva" junto a Belén Pinto.

El cierre de la catarsis

A las 2:20 AM, Catupecu Machu subió para dar el golpe final. Fer Ruiz Díaz no conoce la palabra tregua y entregó un show de intensidad animal. La ametralladora de hits incluyó “Y lo que quiero es que pises sin el suelo”, “A veces vuelvo”, “Dale!” y “Plan B: anhelo de satisfacción”. Uno de los momentos más emotivos fue cuando Ruiz Díaz estrenó una guitarra de luthería paraguaya para elevar “Entero o a pedazos”, agradeciendo la magia de San Bernardino.

El cierre quedó en manos de La Mancha de Rolando, cuyos éxitos radiales acompañaron el éxodo de miles de personas que abandonaron el anfiteatro con los oídos zumbando y el espíritu renovado. El Cosquín Rock Paraguay no fue solo una grilla de bandas; fue, una vez más, el refugio de una cultura que se niega a bajar el volumen.

Catupecu Machu.
Catupecu Machu.