“Terminator: Destino Oculto” es un semi-reinicio pasable

La sexta película de “Terminator” es la mejor de la saga desde “Terminator 2”, pero no pasa de ser un filme de acción decente pero para nada extraordinario, muy lejos de las alturas a las que James Cameron llevó a la serie.

Mackenzie Davis y Linda Hamilton en "Terminator: Destino Oculto".
Mackenzie Davis y Linda Hamilton en "Terminator: Destino Oculto".Kerry Brown

La última gran película de la saga Terminator se estrenó en 1991, hace 28 años.

A la revolucionaria película original de 1984 y su igualmente influyente secuela siguieron una la mediocre pero inofensiva La Rebelión de las Máquinas (2003), la completamente olvidable Salvación (2009) y la inexplicablemente inepta Génesis (2015).

Por eso, decir que Terminator: Destino Oculto es la mejor película de la saga desde Terminator 2 no es un gran elogio.

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Destino Oculto básicamente una nueva “Terminator 3” que borra del cánon todo lo ocurrido luego de que Sarah Connor (Linda Hamilton), su hijo John y el androide T-800 (Arnold Schwarzenegger) enviado del futuro para protegerlos vencieran, a duras penas, al imparable T-1000 de metal líquido enviado por la inteligencia artificial Skynet para matar a John.

En este futuro alternativo de la saga, una supersoldado del futuro llamada Grace (Mackenzie Davis), robóticamente aumentada con capacidades sobrehumanas, llega al presente en Ciudad de México, donde encuentra a Daniela (Natalia Reyes), a quien debe proteger de un letal “Terminator”, Rev-9 (Gabriel Luna) enviado para matarla.

La actriz colombiana Natalia Reyes interpreta a una de las protagonistas.
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La dirección de Tim Miller es sólida en las escenas de acción pero carece de la sensación de peso y volumen de las películas de Cameron; quizá no es del todo justa la comparación con uno de los mejores cineastas de acción vivos, pero si uno vende su película como una continuación directa de Terminator 2, uno invita a la comparación, y en esa comparación Miller sale perdiendo.

La acción dirigida por Cameron en Terminator 2 siempre se sentía cargada de consecuencia, y la forma en que el director de Titanic y Avatar filmaba secuencias como la inolvidable persecución con el camión hacían sentir el peso, la velocidad y la amenaza de una forma que Miller simplemente no logra transmitir, lo que quizá se debe a una combinación del ritmo frenético y caótico que Miller imprime a sus persecuciones y peleas – cada corte en esas escenas se siente como si viniera medio segundo demasiado temprano, antes de poder vender el impacto de una toma específica –, y el uso de efectos digitales que ocasionalmente son impresionantes – Rev-9 es una interesante evolución visual del T-1000, por ejemplo – pero que muchas veces le restan textura a la acción.

Sin embargo, Miller demostró ser capaz de dirigir acción de forma mucho más interesante y creativa en la persecución al principio de Deadpool, que también es frenética y es prácticamente en su totalidad una creación digital.

Gabriel Luna interpreta a la nueva versión del Terminator.

Quizá la influencia de Cameron en la producción le quitó confianza a Miller – imagino que ha de ser equivalente a hacer jazz mientras Louis Armstrong te está evaluando –, aunque tener a Cameron como productor no afectó negativamente a Robert Rodríguez en Alita, por ejemplo.

En lo que a la historia se refiere, Destino Oculto es una más de múltiples secuelas de Terminator que básicamente ignoran o neutralizan lo ocurrido en las películas anteriores, aunque es quizá la que más se destaca, aunque sea solo por el hecho de que pone a una mujer latina como la clave del futuro de la humanidad, lo que ciertamente es una postura interesante para una película de Hollywood que incluso más allá de eso está repleta de imágenes con carga política.

Pero sinceramente, más allá de lo genial que es tener de vuelta a Linda Hamilton como Sarah Connor – y es que Hamilton da una actuación excelente, apareciendo como una figura mentora ideal para los personajes de Mackenzie Davis y Natalia Reyes – y el hecho de que esta vez a Arnold Schwarzenegger le dan algo que hacer más allá de solo estar presente para el factor nostalgia, a medida que la película avanzaba resultaba más y más imposible evitar pensar que esta serie debería dejar de intentar contar una gran historia conectada a lo Star Wars y dedicarse a relatos más desvinculados.

Arnold Schwarzenegger regresa por quinta vez a la saga "Terminator".

Como hicieran los creadores del “reinicio” de Star Trek en 2009, los guionistas de Destino Oculto se las arreglan para reiniciar la saga sin dejar de lado la iconografía y los personajes del pasado, pero si bien – sin entrar en detalles – la idea central que usan para justificar la repetición de la trama de Terminator 1 y 2 es interesante y abre caminos intrigantes para el futuro de la serie, sacrifica en cierta medida el impacto de las películas anteriores (las dos que importan).

Probablemente no necesitamos volver a ver o siquiera escuchar de Sarah o John Connor luego de esta película.

A pesar de las secuencias de acción que siempre se quedan un poco cortas, y un guión que demasiado a menudo se marea con las volteretas que da para reconciliar lo nuevo con lo viejo, Terminator: Destino Oculto es un filme de acción disfrutable siempre que uno no espere algo revolucionario como las películas a las que debe su existencia.

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TERMINATOR: DESTINO OCULTO (Terminator: Dark Fate)

Dirigida por Tim Miller

Escrita por David S. Goyer, Justin Rhodes y Billy Ray

Producida por James Cameron y David Ellison

Edición por Julian Clarke

Dirección de fotografía por Ken Seng

Banda sonora compuesta por Tom Holkenborg

Elenco: Natalia Reyes, Mackenzie Davis, Gabriel Luna, Linda Hamilton, Arnold Schwarzenegger, Diego Boneta, Enrique Arce, Tristán Ulloa, Ferran Fernández, Alicia Borrachero, Steven Cree

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