No tenía expectativas. Igual logró decepcionarme. La película es como agarrar un vestido de alta costura y meterlo en el lavarropas en ciclo rápido con agua caliente: sale encogido, desteñido y sin forma. Lo que en “El diablo viste a la moda″ era una sátira filosa sobre ambición, poder y periodismo, en la secuela es un desfile de escenas nostálgicas que se creen inteligentes… pero no pasan el casting.
Esta secuela no es un accidente, es síntoma. Hollywood está atrapado en su propia falta de ideas, reciclando éxitos como si fueran botellas retornables. ¿Historias nuevas? Bien, gracias. Ahora solo se busca lucrar con la nostalgia y no van a permitirse desperdiciar una sola moneda.
Y duele más porque el elenco sigue siendo una genialidad: Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci sosteniendo un guion como un edificio que se derrumba. Ellos cumplen, incluso elevan escenas que no tienen salvación. Pero verlos decir diálogos mediocres es casi un sacrilegio.
El golpe más bajo: ver a Miranda enfrentándose a algoritmos de TikTok. No porque sea mala idea en sí, sino porque le sacan el misterio. A Miranda nunca había que explicarla. Era poder puro. Ahora la obligan a justificarse y con eso “mataron” su personaje.
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Y lo de Andy Sachs es directamente traición. La Andy Sachs que conocíamos entendía que el glamour era una jaula, no un objetivo. En esta versión parece haber hecho borrón y cuenta nueva de su propio arco. Todo en nombre de una redención apurada que no convence a nadie.
El problema de fondo es claro: Hollywood eligió la taquilla por sobre la historia. Entonces pasa lo inevitable y los personajes icónicos fueron reducidos a clichés, los conflictos fueron resueltos con fórmulas de manual y un final edulcorado que espera ovación pero solo llega a indiferencia y aburrimiento.
Visualmente, la película viaja entre Nueva York y Milán, pero sin emoción alguna. Es linda, sí. Pero vacía. No hay clímax, no hay riesgo, no hay nada que te sacuda. Y como si fuera poco, meten una historia de amor que no tiene ni pies ni cabeza: no se sabe cómo empezó, no importa cuando se rompe y mucho menos cuando se arregla. Relleno puro porque -aunque no estemos en una romcom- “Dios nos guarde de un final feliz con una mujer de cuarenta soltera”. (Entiéndase el sarcasmo).
Para quienes entienden la moda como fenómeno cultural —no solo como estética— esto es casi una falta de respeto. La película original inspiraba a mirar más allá de la superficie. Esta versión se queda en la superficie… y encima la filtra con Instagram. Confunde “caro” con “elegante” y exagera con recursos para evocar a la nostalgia solo por ganar “viralidad”.
En síntesis: El Diablo Viste a la Moda 2 es como comprar un bolso “de marca” de un vendedor ambulante. De lejos pasa, pero cuando mirás las costuras… se desarma. No es cine, es un producto. Y ni siquiera uno bien terminado.
Si existiera el desmemorizador de Hombres de Negro, sería un servicio público usarlo. Porque esta película no suma nada. Solo mancha un recuerdo que, hasta ahora, era icónico.
Ficha Técnica: El Diablo Viste a la Moda 2
Calificación: 2/5
- Título Original: The Devil Wears Prada 2
- Año: 2026
- Duración: 115 min.
- País: Estados Unidos
- Dirección: David Frankel (o dirección por encargo)
- Guion: Basado en los personajes de Lauren Weisberger
- Reparto: Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt, Stanley Tucci.
- Género: Comedia dramática. Moda. Secuela.
- Sinopsis: Miranda Priestly enfrenta el declive de las revistas impresas en la era de los algoritmos de TikTok, mientras Andy Sachs se ve arrastrada nuevamente al caos de Runway en una subtrama de ambición y nostalgia sin rumbo claro.