En Silent Hill: Townfall (disponible desde hoy en PlayStation 5 y PC) la historia se traslada a St. Amelia, una remota isla frente a la costa de Escocia en la que el protagonista, Simon Ordell, se despierta sin saber cómo ha llegado hasta allí ni acordarse de nada y la sensación de haber escapado de un hospital.
El escenario, como en el resto de juegos de la saga, cobra un papel fundamental. De este modo, nos encontramos en una isla siempre cubierta de una espesa niebla, en una ciudad en la que todo el mundo ha huído de manera apresurada y con muestras de que algo terrible ha pasado en ese lugar.
La desarrolladora japonesa Konami esta vez ha apostado por crear su primer título de terror psicológico con una perspectiva en primera persona en una aventura en la que el protagonista deberá explorar toda la isla, ir desvelando puzzles y sortear a los enemigos que van apareciendo según se desarrolla la historia.
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Para ello, el jugador contará con una especie de transistor con una pantalla que podemos usar para descubrir pequeñas pistas que le ayuden a avanzar y a localizar a unos enemigos horripilantes que parecen sacados de las peores pesadillas.
El sigilo para superar la pesadilla

Los recursos para enfrentarse a esos enemigos son muy escasos, lo que obliga a una mecánica basada más en la infiltración y el sigilo, pudiendo el protagonista esconderse en armarios, taquillas, coches o viviendas abandonadas en el momento en el que los enemigos se acerquen. Huir de ellos es clave para no morir en el intento.
En cierto modo, lo que podría ser una novedad en un juego de terror, es un recursos calcado a otros similares ya visto en juegos como Alien Isolation, en el que explorar a fondo el escenario, usar el radar para localizar enemigos y esconderse y evitarlos en lugar de luchar, eran las únicas formas de superar la aventura.
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El título es extraordinario en su ambientación. Los gráficos, los efectos sonoros, la música y, sobre todo, el escenario brillan. Una isla que es un mundo inquietante, abandonado, hostil, en el que la realidad y la ficción se mezclan para mantener la tensión en todo momento.

Townfall es un juego que cambia de rumbo para sorpresa de los fans en una saga icónica, y pasa de la acción y los sustos a una jugabilidad en la que prima un ritmo más lento, centrado completamente en la narrativa y con puzzles muy exigentes.
Así, el combate de otras entregas da paso al miedo, lo inesperado y la vulnerabilidad de un personaje protagonista que deberá evitar la lucha para sobrevivir durante las cerca de 10 horas que dura la historia.
La estética retro, la enorme personalidad de los escenarios, una historia compleja y rebuscada y su ritmo pausado lo convierten en una entrega imprescindible para todos los amantes de las buenas historias de terror con ganas de vivir, desde dentro, una pesadilla con un guión elaborado y sorprendente.