Durante su homilía, el obispo destacó el profundo significado de la vocación sacerdotal, y manifestó que “no nace de una decisión humana, sino de una iniciativa divina”. En ese sentido, recordó las palabras del Evangelio: “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes”.
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Monseñor Collar enfatizó que el ministerio recibido por los nuevos presbíteros no debe entenderse como una búsqueda de prestigio, sino como una entrega total al servicio del pueblo. “Su vocación es un don que brota del corazón de Cristo para la salvación del mundo”, expresó.

Asimismo, resaltó la importancia de la comunión dentro del presbiterio, indicando que el sacerdocio no se vive de manera aislada, sino en unidad con el obispo y los demás sacerdotes.
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El obispo también recordó que uno de los servicios centrales de los sacerdotes será la celebración de la Eucaristía, a la que describió como “fuente y culmen de la vida cristiana”. En ese contexto, instó a los nuevos sacerdotes a vivir su ministerio con entrega.
Otro de los aspectos destacados fue el sacramento de la reconciliación, donde los nuevos presbíteros serán instrumentos de la misericordia divina. “Están llamados a llevar el perdón de Dios a un mundo herido”, sostuvo, animándolos a actuar con comprensión y cercanía hacia quienes buscan reconciliarse.

Pidió compromiso hacia los más vulnerables
En su mensaje, también hizo hincapié en el compromiso con los más necesitados, exhortando a los nuevos sacerdotes a ser voz de los pobres y a acompañar el sufrimiento humano con espíritu de servicio, siguiendo el ejemplo de Cristo.
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Finalmente, monseñor Collar abordó temas fundamentales como el celibato y la obediencia, describiéndolos como dones que permiten una entrega plena a Dios y a la Iglesia. Además, subrayó la importancia de la oración como fuente de fortaleza espiritual: “Un sacerdote que no se arrodilla no podrá levantar a los caídos”, concluyó.
La ceremonia contó con una buena participación de fieles y familiares de los nuevos sacerdotes.
