Cuando los padres se lo hacen todo al niño

Existe un refrán en alemán que dice: "los obstáculos están ahí para ser eliminados". A veces los padres se toman este dicho demasiado al pie de la letra con respecto a sus hijos.

Si la niña se demora un poco en atarse los zapatos, es mejor tenerle paciencia que apurarse a resolverle la tarea.
Si la niña se demora un poco en atarse los zapatos, es mejor tenerle paciencia que apurarse a resolverle la tarea.Christin Klose

¿Que no se puede vestir? Lo visten. ¿Que la tarea es muy difícil? Se la hacen. ¿Que se pelea con su compañero de guardería? Se encargan de regular la situación. El idioma alemán tiene un término bastante gráfico para ellos: padres quitanieves, porque lo apartan todo a un lado para que su hijo no tenga que enfrentarse con nada en su camino.

Los expertos son críticos con ese tipo de paternidad sobreprotectora. Incluso si el padre o la madre tienen buenas intenciones, a largo plazo debilitan la confianza en sí mismos de los hijos y les roban oportunidades de desarrollo. Los niños acaban teniendo menos confianza. Porque el refrán de que "uno aprende de los errores" sigue siendo bien cierto.

El problema de la actitud “quitanieves”

De una forma u otra, la mayoría de los padres probablemente no pueden evitar en ocasiones tener interiorizada esa actitud de "quitanieves". "Soy padre y de vez en cuando me encuentro haciendo una tarea yo mismo en lugar de esperar pacientemente a que el niño la haga", admite Ralph Schliewenz, psicoterapeuta especializado en niños y jóvenes, que es consciente de que con esa postura no le está haciendo ningún favor a su hijo.

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Por supuesto, a algunos niños les gusta hacerse a un costado, disfrutar y sentirse seguros cuando los padres asumen todos los desafíos. "Al final, sin embargo, el niño no aprende nada con ese comportamiento" señala Schliewenz. No aprende a resolver problemas y eso a su vez sí es un gran problema.

La vida está repleta de retos. Quien logre abordarlos estará orgulloso de ello y se sentirá feliz o satisfecho por ello, comenta el psicoterapeuta Schliewenz.

Si esto no sucede, el niño se volverá más ansioso y probablemente también más insatisfecho con el tiempo. Y cada vez más intentará evitar afrontar y superar los problemas por sí solo.

Los niños quieren hacer ellos mismos las cosas

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Por naturaleza, los niños quieren hacer las cosas por ellos mismos. Cuando están en la edad del jardín de infancia, a veces conviene poner límites a esas ambiciones. Sin embargo, es necesario encontrar el equilibrio adecuado. Si se frena excesivamente el propio impulso del niño, al final lo que se consigue es que el menor sea cada vez más dependiente.

Schliewenz da un ejemplo de ello: "Si al niño se le impide repetidamente atarse los zapatos, en algún momento ya no querrá hacerlo él mismo".

Nunca es demasiado pronto para que padres dejen que sus hijos hagan ellos mismos las cosas. Los hijos pueden ayudar en la cocina, por ejemplo, señala el especialista en educación Ulric Ritzer-Sachs. Por supuesto, las tareas tienen que ser apropiadas a su edad. "Un niño de tres años no debería cortar nada con un cuchillo afilado, sin embargo, un niño de cinco años, más bien sí".

Haga caso a su instinto y confíe en su hijo.

El profesional anima a los padres a hacer caso a su propio instinto y confiar en las evaluaciones que ellos mismos hacen de las habilidades del niño. Sin embargo, deben tomarse su tiempo para explicar cómo hacerlo correctamente, por ejemplo, cuando se insta al pequeño a cortar alimentos en la cocina. El simple hecho de decir "no te cortes los dedos" no ayuda mucho al niño, sino que aumenta la presión.

Dejar que el niño participe y haga las cosas por sí mismo son procesos que se viven durante toda la infancia, insiste el especialista Ritzer-Sachs.

Por lo tanto, los padres deben observar cada etapa del desarrollo del niño para ver lo que el menor puede o no puede hacer por sí mismo. Cuando se empiezan a asumir responsabilidades en la pubertad es ya demasiado tarde, según señalan los expertos. "Si un niño de ocho años nunca ha ido solo a la panadería, es difícil que luego lo haga", agrega Ritzer-Sachs.

La forma en que se educa a un hijo tiene consecuencias

Este tipo de actitudes puede tener consecuencias. Según Ritzer-Sachs, el riesgo de volverse muy dependiente o incluso de desarrollar un trastorno es mayor en los hijos de padres sobreprotectores. Las excursiones con la clase de la escuela o las pernoctaciones con amigos pueden convertirse en un problema para ellos. Sin embargo, el experto subraya que esto no se aplica a todos los niños sobreprotegidos.

El especialista relata que se ha encontrado con casos en su consultorio como el de un joven de 18 años que no podía atar los cordones de los zapatos. O con veinteañeros que tienen miedo de ir a hacer la compra. En su opinión, aparte del estilo de crianza por el que opte, también hay otros factores que influyen.

Las formas de salir de la trampa de la sobreprotección

¿Qué pueden hacer los padres para evitar quedar presos en la trampa de la sobreprotección? A modo de resumen se puede decir: estar atentos, hablar con los demás y reflexionar sobre uno mismo.

"Ayuda hablar con los amigos y ver qué comentan al respecto", explica Ritzer-Sachs. Y si el niño es muy desafiante y se resiste al progenitor, tal vez éste debería tomarse un momento para reflexionar y considerar si la forma en la que está criando al hijo es la correcta y preguntarse si se está restringiendo demasiado al niño o se le está pidiendo demasiado.

Pero también hay otras señales que indican una falta de confianza en sí mismos, señala Ritzer-Sachs. "Me doy cuenta de ello cuando el niño no se atreve a hacer algo y, por ejemplo, nunca sube solo por la escalera del patio de recreo. En ese tipo de detalles se puede ver la falta de confianza", explica.

Pura comodidad

En última instancia, los padres también deberían reflexionar sobre su propia conducta. Porque, según el psicoterapeuta Ralph Schliewenz, la actitud sobreprotectora es ante todo pura comodidad. Sin embargo, llega un momento en el que los padres y las madres comienzan a sentirse incómodos con este comportamiento. Por ejemplo, cuando continuamente le dicen a su hijo: "No voy estar siempre ordenando lo que dejas por ahí".

Entonces deberían preguntarse si no han contribuido ellos mismos a esa situación, por ejemplo, porque siempre han sido ellos los que han guardado los juguetes de sus hijos, ya que era más rápido de esa manera.

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