La tierra debe ser de una buena calidad, es decir, no encogerse con mucho calor o falta de agua, no acumular agua en la superficie si llueve mucho y poder absorber de nuevo inmediatamente agua tras un periodo de sequedad.
A la hora de comprar tierra, no hay que desperdiciar la oportunidad de tocarla si se puede. La buena tierra es más bien floja. Si tiene trozos grandes y compactos, es de menor calidad, ya que la tierra que forma cascotes suele tener pocos nutrientes y oxígeno y poca humedad.
Algunos productos baratos están incluso enriquecidos con telgopor, vidrios y ramitas, por lo que hay que estar atento. También es importante fijarse en la fecha de fabricación, porque si la tierra es muy vieja pueden haber perdido efecto los fertilizantes presentes en ella.
Pero cuidado: una buena tierra también puede verse perjudicada si se almacena mal. Por eso, no hay que comprar bolsas que estén mojadas, ya que la humedad promueve hongos y mosquitas. Además, la bolsa debe contener entre un cinco y un siete por ciento de humus.
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Si la tierra está enriquecida con fertilizantes, estos proveerán a la planta por seis a ocho semanas. Luego hay que proporcionárselos a la planta por otra vía.
Así y todo, hay plantas que sí tienen requerimientos especiales, como las plantas de estanque o rododendros, azaleas y brezos. Estas últimas necesitan tierra con un ph bajo de entre 4,5 y 5,5.
