–¿Cómo sentís estos 10 años de ABC Cardinal, siendo la figura más prominente de la radio?
–Yo no me creo eso de figuras más o menos importantes; eso es figuretismo. Jamás podría hacer el trabajo diario si no hubiera periodistas productoras haciendo un trabajo infernal antes, durante y después del programa. Si no hubiera un equipo de conductores con fortalezas en sus áreas, un operador que acude en nuestro auxilio, compañeros y compañeras en las calles tratando de lograr la primicia y la certeza. Compañeros del área publicitaria ofertando el producto… Jamás lograríamos dar un buen rating a una radio si no hubiera equipos brillantes en todos los horarios; cada quien con su fortaleza. Lo que a muchos incomoda o nos cuestionan; la posibilidad de oír varias voces, en los mismos micrófonos de una misma radio de un mismo grupo, es una riqueza.
–¿Qué momentos importantes rescatás? ¿Podrías elegir algunos hitos?
–Uhhhh… Inolvidable. El equipo de los chicos “HAGAN LÍO” que revelaron al Paraguay la podredumbre de la justicia convertida en unos audios de cloaca. Aquellos días de diciembre de 2017, cuando Santiago Peña defendía con su alma a Oscar González Daher, cuando ya todos escuchábamos a este negociar, burlarse de jueces, juezas, fiscales, rebajando la justicia a uno de sus peores escenarios.
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Inolvidables son marzo y abril de ese mismo año, cuando la policía cartista atropelló el local del PLRA, el partido de oposición de mayor fuerza en ese entonces. Y asesinaron a Rodrigo Quintana. Me temblaban las piernas cuando escuchábamos cómo rompían la puerta de vidrio del frente del diario y había que seguir… ¿cómo no seguir? Escuchábamos a nuestros compañeros reportando entre el ruido de las balas…
–Vos inauguraste una nueva forma de hacer radio con la investigación, con el caso audios... ¿Qué representa eso para el periodismo nacional?
–No creo que hayamos inaugurado nada. Creo que simplemente quedó en la memoria aquel trabajo, porque fue caminar por la cornisa, pasearnos sobre el filo más afilado de un cuchillo. Vinieron después otros muchos trabajos, la mansión y los negocios de Santiago Peña, hicimos muchísimo sobre la inexplicable fortuna de los Zacarías Irún, sus excentricidades, sus viajes, sus lujos, sus atuendos.
Hicimos mucho también sobre el expresidente de la Corte Suprema Antonio Fretes, y varios otros trabajos que de verdad apasionan ponerles audios, o darles imágenes, videos.
Siempre fue en equipo, siempre.
–¿Cómo ves el hecho de la convergencia entre plataformas; la radio ya no es solo radio, sino televisión y streaming…?
–Aquí hay una anécdota que contar… Antes del 2020 ya nos habían tentado para hacer radio y Tv juntos, pero dijimos –muy convencidos– de que la Tv nos iba a quitar ritmo a los de la radio. Nos apoyaron los jefes y siguió todo igual.
Pero en marzo llega la pandemia, necesitábamos armar cuadrillas, nos pidieron hacer el aguante por un mes.
Lo que empezó por un mes está a punto de cumplir seis años en marzo próximo. ¡Y le gustó a la gente, increíble...!
Yo creo que el que no piensa en convergencia, va muerto. Hay que producir materiales enriquecedores, en varias plataformas, y tener la dinámica de hacerlos atractivos, veraces, motivadores, creíbles. Finalmente, el periodismo tiene un ropaje distinto con la convergencia, pero el negocio sigue siendo el mismo: chequear las fuentes, contar honestamente las realidades que percibimos.
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–¿Cómo reacciona la gente cuando te encuentra personalmente?
–Es muy divertido de verdad… porque nadie sabe que yo soy superultramegahipertímida. Entonces trato de pasar desapercibida, pero si me ven, me pongo roja, puede que me cueste acercarme, pero termino siempre abrazada a la gente, haciendo fotos o grabando mensajes. Creo que la gente sabe que no hay diferencia entre aquella gordita que salió de la despensa Papá Noel de Villarrica y la gordita que hoy hace Tv y radio. Yo no me creo nada de nada. ¿Por qué? Porque en 1986 recibí un feroz golpe laboral que me enseñó muy pronto que nadie es indispensable. Y que, pese a lo mucho que te esfuerces, hoy estás arriba, mañana estarás abajo, en un pozo profundo que pareciera no terminar. Así que conmigo no va eso de creerme. Sé bien que hoy me toca estar donde estoy, espero estar a la altura de las circunstancias, pero no me creo ni un bledo. Esto es como la levadura: se infla con mucha rapidez, y si no hay contenido, se desinfla así de rápido.
–¿Cómo surgió el mote ‘alacrana’ y de ‘alacranes’? Podrías recordarnos?
–Ja, ja, ja… la gente, ¡la gente! Fue durante los audios, empezaron a decir que más que ALaGran yo parecía una ‘alacrana’, con los audios picando de aquí para allá. Hicieron muchos memes, ponían mi carota y ponían debajo: “Señora, tengo unos audios de su marido…” y así… una cosa trajo a la otra.
Y ya después se quedó en que el programa picaba. Y después ya todos éramos alacranes. Y hoy día nos llaman a todos, hasta a los más buenitos o buenitas, como yo (risas).
–¿Qué rescatás de las enseñanzas de nuestro director y fundador Aldo Zuccolillo?
–Todo. Él me hizo y me deshizo también cuando tuvo que hacerlo. Me enseñó a no creerme un pito de nada. Me enseñó a contar verdades incómodas aunque eso le afectara a él mismo. Me enseñó que el periodismo de su diario estaba más allá de él mismo, de nosotros mismos; que contar historias con integridad y resistir era la marca de ABC Color. Cada vez que me quería entregar, me daba una buena puteada y me mandaba a seguir trabajando. Me senté miles de veces en el piso, apoyada en una vieja caja fuerte, a escuchar cómo ser fuerte y no caer en el intento. Me rabié otras miles de veces cuando el impulso de atropellar me ganaba y, al final, la prudencia y la cautela de él eran finalmente las que tenían razón.
–¿A quiénes dedicás estos años de radio?
–A la Megacadena de don Alcides Riveros, a sus hijos Alberto y Estela, a Mario Ferreiro y en ABC Color a Natalia Zuccolillo. Don Alcides me descubrió; él pensó que yo podía, y me dio la oportunidad de hacerme periodista del mundo radial. Alberto y Estela terminaron de consolidarme cuando me dieron la oportunidad de quedarme sola; creyeron que podía hacer prime time, y lo hice, un poco a la de Dios es grande, pero resultó. Y Mario Ferreiro, pese a las idas y venidas de nuestra relación de amigos y compadres, me enseñó los grandes cimientos. Natalia Zuccolillo es un caso serio: no se rindió cuando le dije que no vendría a ABC Cardinal. Nunca se rindió. Me torturó. Esta señora no sabe lo que es un NO (risas), nunca sabe qué es un NO. Otra cosa que no sabe qué significa es el miedo, y sabe mucho de lo que es apoyar, festejar a tu lado los goles y padecer juntas las frustraciones. Junto con Sara Moreno, fue un gotear sobre la piedra durante mucho tiempo para que yo dejara la Megacadena. ¿La verdad? Me dolió mucho dejar la 780 AM, pero vine allí al ladito nomás… vine A La Gran 730.
–En el periodismo escrito llegaste al premio María Moors Cabot. En la radio, ¿cuál es la meta, el máximo galardón que te gustaría tener?
–Quiero poder retirarme sin ser demasiado viejita. Y retirarme con buenos recuerdos de la gente. Y que la gente tenga buenos recuerdos míos. Que se acuerden de las noticias malas que tuve que dar, las risas que les tuve que provocar, las noticias urgentes que tuvieron que escuchar de mi boca, las buenas noticias que no fueron tantas como me hubiera gustado.
Mi próxima meta es esa: retirarme antes de ser demasiado viejita, con la frente en alto y lo justo para sobrevivir con mis hijos, mis gatos, mis perros, mis libros, mis plantas, mi bici y mis amigos. “Ultimadamente”, eso es lo que deseo, “como de siempre”, ja, ja, ja...
–¿Dejando de lado lo profesional, qué es para vos ABC Cardinal?
–Mi vicio. Mi vida. El motorcito que llegó para empujarme, la energía que arribó para este último tramo del camino. El corazoncito amarillo del “ha pasado el tiempo, las cosas han cambiado, y a pesar de todo, seguimos a tu lado. Cuenta con nosotros, pienses lo que pienses, siempre hacia adelante, somos la misma gente. Con la verdad, y solo la verdad, tendremos un país en libertad”.
Era sabio el Dire. Muy sabio. Lo extraño horrores… pero dejó una Acerita que no se rinde.