El papa canoniza a la primera santa brasileña

CIUDAD DEL VATICANO. El papa Francisco canonizó este domingo en la basílica de San Pedro a Dulce Lopes Pontes, que se convirtió en la primera santa nacida en Brasil, además de al cardenal John Herry Newman, sacerdote converso del anglicanismo, y a otras tres santas.

Retratos de los nuevos santos, de izquierda a derecha: la brasileña Dulce Lopes Pontes, la italiana Giuseppina Vannini, el inglés John Henry Newman, la india Maria Teresa Chiramel Mankidiyan y la suiza Margarita Bays, el 13 de octubre de 2019 en la plaza de San Pedro del Vaticano.
Retratos de los nuevos santos, de izquierda a derecha: la brasileña Dulce Lopes Pontes, la italiana Giuseppina Vannini, el inglés John Henry Newman, la india Maria Teresa Chiramel Mankidiyan y la suiza Margarita Bays, el 13 de octubre de 2019 en la plaza de San Pedro del Vaticano.AFP / Alberto PIZZOLI

La nueva santa latinoamericana, cuyo verdadero nombre era Maria Rita Lopes, nacida en 1914, de las Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios, fue proclamada santa ante numerosos obispos, religiosos y misioneras de su país que asistieron al sínodo para la defensa de la Amazonía. “Hoy damos gracias al Señor por los nuevos santos, que han caminado en la fe y ahora invocamos como intercesores”, declaró el papa Francisco en un discurso el domingo. “Tres son religiosas y nos muestran que la vida consagrada es un camino de amor en las periferias existenciales del mundo”, agregó.

En la ceremonia solemne estuvo presente el heredero al trono británico, el príncipe Carlos. Frente a la fachada de la basílica, lucía un enorme retrato de la misionera, conocida con el nombre de Dulce, y de los otros cuatro santos. Al igual que la Madre Teresa de Calcuta, la Hermana Dulce entregó su vida al servicio de los necesitados y desarrolló una obra social en su natal Bahía donde fundó varios hospitales de caridad y una red de apoyo social que dirigió hasta su muerte en 1992, a los 77 años de edad.

La religiosa figura en su biografía oficial como la fundadora de la Unión de los Trabajadores de San Francisco, un movimiento cristiano de trabajadores en Bahía (Brasil) y del hospital de Sant’Antonio. La nueva santa alcanza la gloria de los altares gracias a dos curaciones inexplicables, según el proceso de beatificación iniciado en 1999.

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Candidata al premio Nobel de la Paz

La religiosa conoció al papa Juan Pablo II, con quién tuvo dos reuniones en 1980 y en 1991, cuando se encontraba hospitalizada por problemas de salud. Su humanismo y sus obras de caridad llevaron al entonces presidente de Brasil, José Sarney, a postularla en 1988 al Premio Nobel de la Paz. Fue beatificada por Benedicto XVI en 2011 tras la comprobación de un primer milagro, tal como fijan las normas del Vaticano.

Las otras nuevas santas que fueron proclamadas por Francisco este domingo son la italiana Giuseppina Vannini (Judith Adelaide Agata), fundadora de las Hijas de San Camilo, fallecida en 1911; la india María Teresa Chiramel Mankidiyan, fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia, muerta 1926, y la laica suiza Margarita Bays, de la Tercera Orden de San Francisco de Asís, fallecida en 1879. En su discurso, al referirse a Santa Margarita Bays, el sumo pontífice dijo que “era una costurera y nos reveló qué potente es la oración sencilla, la tolerancia paciente, la entrega silenciosa”, a través de lo cual, “el Señor ha hecho revivir en ella el esplendor de la Pascua”.

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Se trata de figuras emblemáticas para la Iglesia, en particular el cardenal británico Newman, quien se convirtió en el primer santo inglés no mártir desde la Reforma. “Es la santidad de lo cotidiano, a la que se refiere el santo Cardenal Newman cuando dice que ’el cristiano tiene una paz profunda, silenciosa y escondida que el mundo no ve’”, declaró el Papa. Por su parte, el príncipe Carlos, escribió una editorial en el Osservatore Romano, el periódico del Vaticano, en la que señalaba que el ejemplo del cardenal Newman “es más que nunca necesario por la manera en la que supo defender sin acusar, estar en desacuerdo sin faltar al respeto y quizás, sobre todo, por la manera en la que pudo ver las diferencias como lugares de encuentro y no de exclusión”.

John Henry Newman, nacido en Londres en 1801, fue ordenado sacerdote de la iglesia anglicana, de la que fue párroco en Oxford. Durante mucho tiempo fue un crítico de la iglesia católica, que llegó a acusar de herejía. Sin embargo, años después, a mediados del siglo XIX, se convirtió al catolicismo en Inglaterra.

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