"Muchos de ellos han sufrido abusos y explotación, hay víctimas que denunciaron haber sido aisladas y encarceladas", dijo el subsecretario del Departamento de Trabajadores Migrantes, Jerome Alcantara, durante una rueda de prensa con motivo de la reciente repatriación de 114 filipinos de Laos, Birmania y Camboya.
Estas posibles víctimas de tráfico humano, según la Policía del archipiélalgo, fueron atraídas a los países vecinos por medio de ofertas de trabajo en internet que ofrecían lucrativos salarios, solo para acabar atrapados en centros de estafas.
La portavoz del Departamento de Exteriores filipino, Angelica Escalona, indicó por su parte que las autoridades han repatriado en lo que va de año a 629 nacionales de Camboya, Laos, Birmania y Tailandia.
Uno de los desafíos con los que se encuentran las autoridades, dijo, es detener a los traficantes que se dedican a captar a potenciales víctimas a través de las redes sociales.
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La proliferación de estos centros en muchos países del Sudeste Asiático, entre ellos Camboya, se remonta a la pandemia de covid-19, cuando después de comenzar siendo casinos ligados al blanqueo de capitales durante los confinamientos pasaron al espacio digital y se dedicaron a sofisticados engaños ayudados de alta tecnología.
Sus empleados -la mayoría jóvenes extranjeros con conocimientos tecnológicos y de idiomas, según el Informe Global sobre Trata de Personas de la ONU del pasado diciembre- son forzados a engañar a terceros a veces mediante argucias amorosas o falsas promociones financieras.
Se trata de complejos cerrados, similares a prisiones, donde estas personas, engañadas con ofertas de trabajo, son obligadas a cometer estafas ‘online’ desde un ordenador, sufriendo una "violencia extrema", afirmó en diciembre Fabrizio Sarrica, investigador de la ONU sobre trata.
