El departamento dijo en un comunicado publicado este lunes que informó a las autoridades sursudanesas sobre "las directivas emitidas a las empresas que operan en los yacimientos petrolíferos de Heglig (...) para que activen un plan de parada de emergencia y coordinen la evacuación de sus trabajadores".
Apuntó que el motivo de ese parón son "los repetidos ataques a las instalaciones con drones por parte de las FAR", específicamente los lanzados a finales de agosto, que tuvieron como objetivo una terminal de exportación de Heglig, que contiene la mayor planta de procesamiento de petróleo de Sudán del Sur.
"La continuación de la operación del yacimiento, a la luz de los repetidos ataques, provocará la destrucción de su infraestructura operativa a largo plazo", alertó el Ministerio de Energía sudanés, que lamentó tomar esta medida ya que afecta a una de las principales fuentes de ingresos de su empobrecido vecino sursudanés.
El campo de Heglig contiene 75 pozos y produce unos 20.000 barriles de petróleo sudanés diarios, mientras que también cuenta con una planta de procesamiento con capacidad para 130.000 barriles de petróleo sursudanés, un crudo que se procesa y almacena en tanques de combustible con una capacidad de unos 400.000 barriles.
Este petróleo también se bombea a través de oleoductos a puertos de exportación en la costa del mar Rojo, en el este de Sudán, y a través de los cuales Sudán del Sur puede exportar la mayor cantidad de su crudo ya que el país africano no tiene costa y depende de su vecino norteño para este tipo de operaciones comerciales.
La guerra en Sudán, que enfrenta a las FAR con el Ejército regular desde abril de 2023, ha provocado la muerte de decenas de miles de personas y el desplazamiento de alrededor de 13 millones, lo que ha convertido al país en el escenario de la peor catástrofe humanitaria del planeta.
Tras perder el pasado marzo el control de la capital, Jartum, los paramilitares han intensificado sus ataques con drones contra instalaciones civiles y vitales en manos de las Fuerzas Armadas, especialmente en el noreste y el sur de Sudán, con el objetivo de dañar económicamente al Gobierno controlado por la cúpula militar.
