El resultado marca una fuerte desaceleración respecto al 4,83% de 2024 y se ubica por debajo del techo de la meta oficial de 4,5%.
El dato supone un alivio para el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien enfrentó durante gran parte del año críticas por el alza del costo de vida.
Según el instituto de estadística IBGE, la desaceleración fue impulsada principalmente por la caída de los precios de los alimentos básicos, gracias a una mayor oferta tras las dificultades climáticas que afectaron las cosechas en 2024.
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Presión al alza
Sin embargo, las tarifas de energía eléctrica residencial ejercieron presión al alza por reajustes que encarecieron las facturas de los consumidores.
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El dato positivo podría abrir la puerta a una flexibilización de la estricta política monetaria del Banco Central.
Brasil mantiene una de las tasas de interés más altas del mundo, en 15%, lo que encarece el crédito y desalienta el consumo y la inversión.
Lula ha criticado repetidamente al Banco Central por mantener tasas elevadas, con el argumento de que frenan el crecimiento económico del país.
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Tensiones comerciales
La economía brasileña estuvo condicionada en 2025 por fuertes tensiones comerciales con Estados Unidos.
El presidente Donald Trump impuso en agosto aranceles de hasta 50% a productos brasileños, aunque posteriormente el gobierno de Lula logró negociar exenciones para varios rubros.
En diciembre, el índice mensual fue de 0,33%, por encima del 0,18% de noviembre pero inferior al 0,52% del mismo mes de 2024, un resultado influenciado por el alza en los transportes.
