De hecho, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ya no esconde su propósito. En una visita el miércoles a varias comunidades judías del Néguev, aseguró que, con la operación 'Nuevo Orden', su Ejecutivo busca "devolverlo al Estado de Israel" y a partir de ahora favorecerá allí una política de "asentamientos (judíos) a una escala sin precedentes".
Desde finales de 2025, el Ejército y la Policía israelíes están acometiendo violentas redadas en el Néguev, con operativos en los que se usa munición real, granadas aturdidoras y gases lacrimógenos.
El epicentro de esta vorágine es el pueblo de Tarabin al Sana, donde viven aproximadamente 1.200 beduinos también de la tribu 'tarabin' y que está oficialmente reconocido por Israel, por lo que sus habitantes son legalmente ciudadanos israelíes.
En Tarabin, la arena del desierto convive con pequeñas parcelas con camellos, calles mal asfaltadas, decenas de niños correteando descalzos, basura, falta de suministro eléctrico y destartaladas casas de hormigón y chapa.
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"Son políticas sionistas extremas cuyo único objetivo es desplazar por la fuerza a los beduinos de sus tierras. Si nos trataran como a unos israelíes más, no tendríamos estos actos criminales", afirmó a EFE este miércoles Munzer Tarabin, portavoz del pueblo homónimo, desde la carpa donde una asamblea local se reúne cada día para abordar esta "crisis existencial", que podría provocar un "desplazamiento masivo".
Según el portal académico beduino Nagabiya, en el Néguev había en 2022 unos 305.000 beduinos viviendo (aunque algunos pertenecen a comunidades no reconocidas y no poseen documentación israelí), lo que representa un 22 % de la población del sur de Israel y 3,2 % del total del país.
La contundencia de los operativos israelíes fue un paso más allá el domingo pasado, cuando la Policía tocó a la puerta de la vivienda de Mohammed Tarabin, este abrió y, según el relato familiar, recibió inmediatamente un disparo letal en el pecho con un arma silenciosa delante de uno de sus siete hijos.
Las autoridades israelíes han sostenido, sin aportar pruebas, que el hombre había amenazado a la Policía previamente.
"Si eso fuera verdad, Israel podría haberlo arrestado. La contradicción aquí es que incluso usaron una pistola con silenciador, lo que demuestra que vinieron al pueblo a matarlo, no a detenerlo", dijo a EFE un hermano de Mohammed, que prefirió no identificarse.
"Buscaban mandar un mensaje de lo que nos pasará si nos oponemos a sus redadas o al desplazamiento", añadió desde una polvorienta calle de Tarabin, que continúa custodiado por un amplio dispositivo de policías y Ejército.
El Gobierno israelí, sobre todo el ministro de Seguridad Nacional, el colono radical Itamar Ben Gvir, considera que las aldeas beduinas del Néguev son nidos de violencia que supuestamente se nutren del contrabando de armas y también de narcotráfico desde comunidades hermanas en la península del Sinaí (Egipto).
"La manera en que este Gobierno trata a sus ciudadanos árabes es como enemigos, no como ciudadanos", comentó el experimentado parlamentario árabe-israelí Ahmad Tibi, fundador del partido Ta'al, en declaraciones a EFE desde Rahat, ciudad vecina de Tarabin.
Las "acusaciones infundadas" de criminalidad y economía informal han sido cuestiones que han acompañado a los beduinos, forzados al sedentarismo y repetidamente desplazados desde la creación del Estado de Israel en 1948, recuerdan a EFE desde el Foro de Coexistencia del Néguev para la Igualdad Civil (NCF).
Estos ponen el foco, sin embargo, en la carencia de servicios públicos -incluso en pueblos reconocidos y habitados por ciudadanos israelíes-, el alto desempleo y tasas de pobreza infantil de hasta el 60 % que enfrentan.
Fronterizo con Jordania o Egipto, y con depósitos hídricos subterráneos, reservas de fosfatos, depósitos de sílice y sal, y hasta petróleo, el Néguev es de una importancia capital en términos geoestratégicos para Israel.
Cuando se produjeron los brutales atentados de Hamás el 7 de octubre de 2023, un buen número de beduinos colaboró activamente con el Ejército israelí, al que con frecuencia se alistan otros beduinos procedentes del centro y norte de Israel, en la respuesta militar y en las labores de rescate.
"Fue un crimen brutal y ayudamos por humanidad. Después de aquello, me pronuncié cuestionando la fiabilidad del número total de víctimas e Israel me traicionó despidiéndome del hospital público donde trabajaba", expresó a EFE con indignación Abdul Masit, beduino con documentación israelí residente en Rahat.
