Los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete comenzaron una cita en Bruselas que fue convocada de urgencia el pasado domingo, tras el anuncio de Trump de que penalizaría comercialmente a los ocho países de la UE y la OTAN que decidieron enviar a militares a Groenlandia ante la escalada de tensiones en torno a la isla del Ártico dependiente de Dinamarca.
Pero, en la víspera, Trump retiró sus amenazas tras un preacuerdo sobre la seguridad de la isla alcanzado con el secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, en el Foro de Davos (Suiza), donde el mandatario republicano también aprovechó su intervención para insistir en su menosprecio hacia Europa.
A su llegada a la cumbre, los líderes europeos dieron la bienvenida a la desescalada con Washington y, al mismo tiempo, llamaron a mantenerse alerta ante lo que ya consideran "la nueva normalidad" en las relaciones bilaterales donde previsibles nuevas crisis y vaivenes.
La relación con Estados Unidos "ha sufrido un duro golpe" por las amenazas sobre Groenlandia y eso "beneficia a Rusia y China", afirmó a su llegada a la cumbre la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Seguridad, Kaja Kallas.
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El presidente francés, Emmanuel Macron, dijo que la UE "seguirá vigilante" y utilizará los instrumentos de que dispone para responder si alguno de sus socios vuelve a ser presionado.
Macron subrayó que los acontecimientos de los últimos días han mostrado que "cuando Europa está unida, fuerte, y reacciona rápido, las cosas vuelven al orden y a la calma" y que "cuando es amenazada puede hacerse respetar".
El canciller austríaco, Christian Stocker, aseguró por su parte que la UE tiene que prepararse ante posibles nuevas crisis con EE.UU. en las que "se vuelva a amenazar a países individuales o a la Unión Europea", con medidas de política comercial o económica.
"Una crisis no se ha producido, pero ¿cómo vamos a lidiar con la próxima? Y ese es exactamente nuestro tema. Tenemos que adaptarnos a este nuevo y cambiado orden mundial, y tenemos que hacerlo muy rápido", declaró a su llegada.
En la misma línea, el primer ministro sueco, Ulf Kristersson, afirmó que aunque la escalada ha dañado la confianza entre los países europeos y Washington, "no hay nunca nada que no se pueda arreglar".
"Seguiremos extremadamente vigilantes y listos para utilizar nuestros instrumentos si estuviéramos de nuevo bajo amenaza", advirtió Macron, quien volvió a comparecer con gafas de sol a causa de un derrame en un ojo.
El mandatario francés aludió así a las represalias a disposición de la UE que iban a estar hoy sobre la mesa de la reunión antes de que Trump retirara sus amenazas arancelarias, mientras que otros líderes apuntaron también al efecto disuasorio que estas medidas han podido tener.
En concreto, la UE barajaba aplicar aranceles contra Washington por valor de 93.000 millones de euros e incluso estrenar el instrumento anticoerción de la UE, también conocido como la "bazuca comercial".
"Se ha demostrado que la unidad y la determinación de la parte europea pueden tener efectivamente un efecto", afirmó el canciller alemán, Friedrich Merz, a su llegada a la cumbre extraordinaria en Bruselas.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, agradeció a los países de la UE su "apoyo extremadamente importante" ante las crisis con Trump y aseguró que, cuando Europa está unida, "los resultados se ven".
Merz también resaltó la necesidad de incrementar la seguridad en la región ártica y de que los miembros europeos de la Alianza Atlántica adquieran la capacidad de defenderse por sí mismos.
"La parte europea de la OTAN tiene que ser capaz de defenderse sola, estamos en camino, aunque todavía no lo hemos alcanzado", señaló Merz, quien abogó por reforzar la "resiliencia" de la UE también en el norte del continente.
El canciller alemán recordó además que han solicitado a la OTAN que esté "más presente en la región ártica", así como una "presencia permanente" de la Alianza en Groenlandia.
Frederiksen también se mostró partidaria de discutir con Washington el Acuerdo de Defensa de Groenlandia que ambos países firmaron en 1951 tras la Segunda Guerra Mundial, pero siempre que sea de forma respetuosa y que no se cuestione la soberanía danesa sobre la isla.
Estos dos son de los aspectos del preacuerdo sobre la cuestión anunciado la víspera por Trump tras hablar con Rutte.
