El grupo disidente, encabezado por el diputado Gidi Markuszower, mantuvo hoy contactos con el líder del liberal progresista D66, Rob Jetten; la del liberal de derechas VVD, Dilan Yesilgoz; y el dirigente del democristiano CDA, Henry Bontenbal, en un panorama marcado por la fragilidad de las negociaciones para un gobierno minoritario, una fórmula poco habitual en la política neerlandesa, tradicionalmente basada en coaliciones de mayoría y en el consenso.
Al término de la reunión, que duró tres cuartos de hora, Markuszower anunció que se sentará a la mesa con los partidos que negocian el Ejecutivo para explorar posibles vías de cooperación.
"Fue una conversación constructiva y exploramos líneas generales", señaló, al tiempo que subrayó que quiere "hacer la vida más fácil a la gente, no más difícil", aunque precisó que su punto de partido seguirá siendo el programa electoral de la ultraderecha de Wilders.
Preguntado sobre si se considera una versión más moderada del PVV, zanjó: "No, PVV duro. Una cosa es decir algo y otra hacerlo. Nosotros queremos hacerlo. Eso es lo duro".
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
La ruptura en el ultraderechista PVV se produjo el martes tras un conflicto interno que los propios diputados disidentes vinculan a los malos resultados electorales del partido el pasado 29 de octubre, cuando Wilders pasó de 37 a 26 escaños en el Parlamento.
Los siete diputados conservarán sus actas y formarán un nuevo grupo parlamentario. Con su salida, el PVV -que formalmente solo tiene a Wilders como miembro oficial- queda reducido a 19 escaños, deja de ser la segunda fuerza parlamentaria y pasa a ocupar el cuarto lugar, lo que permite al bloque de izquierdas formado por ecologistas y socialdemócratas, GL-PvdA, convertirse en líder de la oposición.
El nuevo bloque se ha convertido de inmediato en un actor clave para el equilibrio parlamentario del futuro gobierno: el gabinete minoritario que negocian D66, VVD y CDA contaría con 66 de los 150 escaños y necesitaría apoyos externos estables para poder sacar sus proyectos de ley. "Les faltan diez escaños para una mayoría. Siete se acercan bastante a diez", señaló Markuszower al llegar a la reunión de hoy.
El líder del nuevo grupo se presentó como un interlocutor "constructivo" y dispuesto a "hacer cosas buenas para los votantes", aunque evitó concretar en qué puntos exigiría contrapartidas a sus posibles socios.
En documentos internos obtenidos por la radiotelevisión pública NOS, los diputados disidentes reprochan a Wilders la falta de resultados para el electorado -pesé a haber sido socio mayoritario del gobierno en funciones, del que terminó apartándose y forzando las elecciones que se celebraron en octubre- y critican que el partido dependa de un único miembro formal.
También cuestionan la estrategia pública del líder ultraderechista, al considerar que gestos como publicar imágenes ofensivas sobre el islam “no resuelven los problemas del votante”.
Wilders calificó esta escisión de “día negro para el PVV” y aseguró que no la vio venir, pese a las discusiones internas sobre el rumbo del partido, aunque recordó que su partido ya había sufrido deserciones en el pasado, aunque “nunca siete a la vez”.
Desde los partidos que negocian el gobierno, las reacciones fueron cautelosas. Jetten, ganador de las elecciones de octubre y posible futuro primer ministro, reiteró sus reticencias históricas a cooperar con la ultraderecha, pero admitió que “un nuevo partido que quiera colaborar de forma constructiva ofrece oportunidades”.
La líder liberal del VVD se mostró más abierta a la posibilidad de apoyos externos si “benefician al país”.
Esta eventual cooperación introduce un nuevo elemento de incertidumbre en la formación de gobierno y abre la puerta a un Ejecutivo minoritario con mayor peso de posiciones conservadoras, especialmente en cuestiones sociales clave, como la migración y la seguridad.
Los tres partidos se han fijado como fecha orientativa para la toma de posesión el 23 de febrero, aunque ese calendario aún podría cambiar. La oposición ve con recelo la fórmula del gobierno minoritario y ya la ha calificado de “decepcionante” y “muy imprudente” por su falta de estabilidad, puesto que obligará a hacer números constantemente para gobernar.
Sus defensores, sin embargo, subrayan una ventaja: el Parlamento gana influencia en un gabinete minoritario y los partidos en el gobierno ya no podrán bloquear con facilidad debates que les resulten incómodos.
