Flamencos rosados vuelven a ciénaga en Cartagena de Indias atraídos por descontaminación

Fotografía que muestra flamencos rosados (Phoenicopterus ruber) en la Ciénaga de la Virgen, en Cartagena (Colombia).
Fotografía que muestra flamencos rosados (Phoenicopterus ruber) en la Ciénaga de la Virgen, en Cartagena (Colombia). Ricardo Maldonado Rozo

CARTAGENA. Una colonia de unos 200 flamencos rosados (Phoenicopterus ruber) se estableció en la Ciénaga de la Virgen, en el área urbana de Cartagena de Indias, lo que para los expertos es una señal de recuperación de ese cuerpo de agua tras un largo periodo de degradación ambiental.

Estas aves de patas y cuello largo vuelan grandes distancias en busca de zonas de alimentación, razón por la cual funcionarios del Establecimiento Público Ambiental (EPA) creen que este grupo proviene del departamento de La Guajira en el extremo norte de Colombia.

“Vienen en las temporadas secas porque encuentran niveles de salinidad parecidos (a los de La Guajira), encuentran mareas bajas, pero también encuentran condiciones para su alimentación, es decir, hay mayor cantidad de crustáceos, de microalgas”, explicó a EFE Aurora Vidal, coordinadora de Flora y Fauna de EPA.

Según Vidal, la Ciénaga era visitada anualmente por bandadas de flamencos, pero hace muchos años dejaron de hacerlo por la contaminación. “Pero esta temporada la población de flamencos se incrementó y todos están en muy buenas condiciones”, dijo.

Fotografía que muestra flamencos rosados (Phoenicopterus ruber) en la Ciénaga de la Virgen, en Cartagena (Colombia).
Fotografía que muestra flamencos rosados (Phoenicopterus ruber) en la Ciénaga de la Virgen, en Cartagena (Colombia).

La funcionaria afirmó que la presencia de este grupo grande de flamencos y sobre todo sus condiciones favorables de salud son una muy buena noticia para Cartagena porque es un “bioindicador de la recuperación de la Ciénaga de La Virgen”.

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En la ciénaga conviven muchas otras especies de fauna, como gaviotas, alcatraces, pelícanos, patos silvestres y garzas blancas, así como una variedad de crustáceos y peces, y finalmente, los seres humanos que a diario obtienen su sustento de la pesca.

El ecosistema se había deteriorado por la fuerte carga antrópica a la que era sometido. Por una parte, los canales naturales de conexión entre las aguas saladas del mar con las aguas dulces de la ciénaga se habían cerrado por el trazado de la carretera que comunica con la vecina Barranquilla, y por otra, porque en la ciénaga terminaban buena parte de las aguas negras de Cartagena.

A finales del 2000 se abrió el canal de La Bocana para oxigenar la ciénaga con las aguas del mar y en 2013 se implementó el emisario submarino que saca las aguas negras de la ciudad y las deposita kilómetros mar adentro, dos obras que han contribuido a la recuperación del ecosistema.

“Todas las amenazas que recibe el frágil ecosistema de la ciénaga son antrópicas, las genera el hombre”, explica Vidal mientras advierte que aunque se ha avanzado mucho en la recuperación del agua, los asentamientos humanos irregulares a su alrededor siguen creciendo.

La funcionaria agregó que “hay barrios que son llamados subnormales en los cuales obviamente no hay alcantarillado, no hay servicios públicos básicos y sigue habiendo presión y contaminación”.

Además, hay sectores donde la gente le roba espacio a la ciénaga con rellenos de escombros y eso “hace también que cambie el pH del agua, que cambie la salinidad, que cambien todos los niveles bioquímicos”, a lo que se suman los excrementos humanos, “factores determinantes para que la calidad del agua vaya en detrimento”.

Vidal es optimista pero asegura que hay que poner más regulaciones sobre el uso de la tierra alrededor de la ciénaga e incrementar la sensibilización y educación de la gente para proteger el ecosistema pues es la única forma de que especies exóticas, como los flamencos rosados, regresen siempre a este lugar en busca de alimento.