Ni ironía ni sarcasmo. Los propios cómicos aseguran que un chiste sobre esos tres temas puede conducir incluso al cierre de un local. Siempre hay un delator, integrista ortodoxo o 'ultrapatriota' dispuesto a acusar al cómico de herir sus sentimientos.
A esto habría que sumar otro tabú: hacer cualquier mención a la comunidad LGBT, considerada desde hace años extremista en este país.
Como en la novela de Milan Kundera (La broma), un chiste puede arruinar la vida de cualquiera. Este es el caso de Artiom Ostanin, que es juzgado por bromear sobre un presunto veterano de la SVO (operación militar especial) y sobre la figura de Jesucristo.
Según el Comité de Instrucción, Ostanin ignoró el tabú y podría ser condenado a varios años de cárcel. Poco importa que el inválido sobre el que bromeó nunca combatió en Ucrania, sino que se gana la vida desde hace años pidiendo limosna en el metro, según la defensa.
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El cómico hizo esa broma en diciembre de 2024 en un club en el centro de Moscú, tras lo que fue acusado por una organización cercana al Kremlin (La llamada del pueblo) de reírse de un soldado "que perdió las piernas en la guerra", informó el portal Mediazona.
En el juicio se personaron también varias personas que denunciaron que el artista se burló de Jesucristo durante una actuación en marzo de 2025. Desde la 'misa punk' de Pussy Riot hace más de diez años en Rusia se castiga con pena de cárcel herir los sentimientos de los creyentes, en virtud del artículo 148 del código penal.
"Yo sólo informé a la gente ¿Y sabes qué hicieron? Me crucificaron", dijo Ostanin, una broma que se puede ver en YouTube.
Ostanin, que ha sido acusado de liderar una 'organización criminal', intentó eludir la persecución judicial, pero fue detenido en Bielorrusia, donde, según sus abogados, recibió una soberana paliza por parte de la policía.
El maniqueísmo de los sectores más radicales de la sociedad rusa ha alcanzado incluso a uno de los personajes infantiles más queridos por los soviéticos y ahora por los rusos: Cheburashka.
La película sobre ese inocente animalillo con orejas de soplillo y que se alimenta exclusivamente de naranjas ha desatado también la indignación de los censores, ya que consideran que es "un sabotaje" contra la cultura tradicional rusa.
"Cheburashka desintegró la URSS (...) Es un cosmopolita desarraigado", dijo Alexandr Duguin, el ideólogo del ultranacionalista movimiento panasiático ruso, parafraseando a los nostálgicos del estalinismo.
Y es que lo único que se sabe del personaje es que no es ruso. Los indignados sospechan que probablemente sea judío, ya que la URSS importaba sus naranjas de Israel, o, en su defecto, español. De hecho, español es el idioma que hablan los que persiguen a Cheburashka al comienzo de la saga.
Pese a que la película que revisita el personaje creado hace más de 50 años fue, al igual que la primera, un gran éxito de taquilla, el comité cultural de la Duma o cámara de diputados se reunió a mediados de enero para abordar la polémica y criticar a los cineastas por centrarse exclusivamente en "ganar dinero".
Lamentaron que el único personaje positivo sea Cheburashka y que una película infantil no promueva ningún "valor moral", en línea con los principios conservadores que predica el presidente ruso, Vladímir Putin.
"Hay que olvidarse de lo que piensa el pueblo (...) Lo que sale en las pantallas da mucho dinero, pero no tiene nada que ver con el cine o con el arte", dijo el actor Dmitri Pevtsov, partidario de una caza de brujas macartista en el mundo de la cultura.
Algunos críticos de cine se pusieron del lado de los autores de la película y llamaron a los censores a enorgullecerse de su éxito, en vez de amenazar con prohibir un largometraje que hace que los jóvenes se interesen por la cultura soviética.
Y es que consideran que lo que realmente molesta a sus críticos es que la cinta es una comedia que no habla sobre los enemigos del Kremlin o la guerra en Ucrania -los telespectadores están hastiados de películas bélicas-, temas que son los que les permiten ganarse el favor del Kremlin.
"Cheburaska simboliza el humanismo, la bondad y la no violencia, cualidades que no se corresponden con la tendencia ideológica ultraconservadora. Cheburashka representa un especie de camino para Rusia, el camino del bien y no el de la eterna lucha", señalan.
