Expuesta en la Academia de Arquitectura de París desde mañana, viernes, hasta el próximo 22 de febrero, 'Concours Beaubourg 1971' llega solo dos meses después del cierre temporal hasta 2030 de este museo de arte contemporáneo, precisamente para una profunda renovación que, no obstante, mantendrá la rompedora estética ideada por Piano, Rogers y Franchini.
"La gran genialidad y enorme generosidad de esta licitación fue la de confiar a un equipo de arquitectos extranjeros (dos italianos y uno anglo-italiano), que eran vanguardistas y además jóvenes", explicó a EFE uno de los comisarios de la exposición, Boris Hazmeian.
A iniciativa del entonces presidente francés, el conservador George Pompidou, la construcción de un gran museo de arte contemporáneo multidisciplinar fuera de los cánones se organizó con una licitación que recibió 680 proyectos de 46 países.
"Pompidou, quien, junto a su mujer Claude, fue un gran coleccionista de arte, tuvo la valentía de hacer lo necesario para modernizar Francia. Era muy consciente de que la vanguardia no estaba dentro de su país y sí en otros", añadió Hazmeian.
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Además de Italia, el país ganador de la licitación, el concurso contó con una notable presencia de proyectos de Brasil, Estados Unidos, México o Japón, entre otros.
La exposición, repartida en cuatro salas, muestra un buen número de planos, maquetas, dibujos y fotografías sobre la historia de la licitación, en la que se recuerda, por ejemplo, que el Centro Pompidou -hoy uno de los museos más visitados del mundo- se levantó en lo que era un aparcamiento en el barrio del Marais, en el corazón de París.
El hecho de que Piano, Rogers y Franchini -todos ellos treintañeros y entonces desconocidos a nivel internacional- venciesen el concurso de arquitectura escoció a buena parte de la opinión pública francesa "en un momento en el que el debate nacionalista era notorio", recordó el comisario.
La propuesta de los tres era además especialmente audaz en una ciudad cuya arquitectura y urbanismo tienen una impronta clara del racionalismo 'haussmaniano' de mediados del siglo XIX.
El plan de los arquitectos italianos era el de sacar elementos funcionales al exterior para dejar el interior totalmente libre, dejando a la vista su esqueleto de acero.
De esta forma, buscaron dar al edifico un aspecto de 'máquina', a la que etiquetaron con diferentes colores para indicar el cumplimiento de una función (el azul, por ejemplo, para señalar por dónde pasa la climatización).
Las críticas a la obra, a la que sus detractores llegaron a denominar 'la refinería de petróleo', no desincentivaron a los arquitectos ganadores; todo lo contrario, según Hazmeian.
"Contrarrestaron las críticas con la voluntad de continuar, de seguir su camino. Es cierto que, en un momento, se aislaron de cierta manera. A los pocos meses de la licitación, montaron una suerte de despachos en unas tiendas hinchables a las orillas del Sena", rememoró el comisario.
Lo cierto es que la carrera de los tres, sobre todo la de Piano (premio Pritzker en 1998 y autor del Centro Botín en Santander) y Rogers (Pritzker en 2017 y autor de la terminar 4 del aeropuerto Madrid-Bajaras), dio un enorme salto desde el proyecto del Centro Pompidou, que fue inaugurado en enero de 1977, hace casi 50 años.
"Piano (el único vivo de los tres, hoy con 88 años) tiene justo su despacho aquí al lado", explicó Hazmeian, señalando a un edificio adyacente a la Academia de Arquitectura, situada en el corazón de la Plaza de los Vosgos, la más antigua de París, ya que data de comienzos del siglo XVII y es uno de los ejemplos mundiales de la simetría arquitectónica.
