La reintroducción es el resultado de años de ciencia aplicada y conservación liderada a nivel local, informó este domingo la fundación de conservación Jocotoco.
Ello, porque para que su reintroducción se concrete se requirió la restauración del hábitat basada en investigación ecológica, reproducción en cautiverio y protocolos sanitarios desarrollados por especialistas, monitoreo posterior a la liberación mediante rastreo y observaciones de campo, y una colaboración sostenida entre científicos, personal de las reservas y comunidades locales.
"En conjunto, estos esfuerzos permiten no solo liberar un ave, sino reconstruir una población de la especie", anotó.
La subespecie del guacamayo verde mayor, Ara ambiguus guayaquilensis, ha desaparecido de gran parte de su área de distribución en Ecuador debido a la deforestación y al tráfico ilegal de fauna silvestre para el comercio de mascotas.
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Frente a este escenario, desde 2017 Jocotoco, con el apoyo de Loro Parque Fundación, impulsa un proyecto de reintroducción de la especie en la cordillera Chongón Colonche, con el objetivo de brindar a estas aves una oportunidad real de recuperación.
Los conteos más recientes confirmaron que la subespecie guayaquilensis ha aumentado de 7 individuos al inicio de las reintroducciones a más de 23 en la actualidad.
"Nuestra reserva Las Balsas alberga la mayor concentración, con 18 individuos registrados en el Censo Nacional de 2024. En promedio, entre tres y cinco pichones logran emplumar con éxito cada año. Dos parejas reintroducidas ya han nidificado en libertad", señaló.
Todos los guacamayos reintroducidos provienen de la Fundación Jambelí, el único centro de reproducción de esta especie en Ecuador. Los adultos del centro han sido confiscados a traficantes ilegales de fauna silvestre.
Una vez transferidos a Jocotoco, los guacamayos pasan varios meses adaptándose a frutos naturales en la reserva Ayampe, donde además entrenan su musculatura para el vuelo, aprenden a reconocer alimentos nativos y se aclimatan al bosque.
Esta etapa es esencial: "los prepara no solo para sobrevivir, sino para comportarse como guacamayos silvestres", subraya.
Posteriormente, son liberados en Las Balsas, una reserva que forma parte de una comunidad ancestral, donde durante los primeros días, el equipo de Jocotoco proporciona alimentación suplementaria y refugio mientras las aves se adaptan a su nuevo ambiente.
Luego, sus movimientos se monitorean mediante transmisores satelitales por hasta cuatro meses, con el fin de garantizar su bienestar.
Todo el proceso se apoya en un trabajo continuo de acercamiento con los habitantes locales para reforzar la protección de la especie a largo plazo.
