La toma del que fuera último bastión del ejército sudanés en la región occidental de Darfur, tras año y medio de asedio por parte de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), "desató una oleada de intensa violencia", recordó el alto comisionado en una comparecencia ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
Türk, quien a mediados de enero realizó su primer viaje a Sudán desde el inicio de la guerra civil hace ya casi tres años, relató que pudo reunirse durante la visita con supervivientes de las masacres.
"En pocas ocasiones he visto a gente tan traumatizada por sus experiencias", rememoró, y señaló que la oficina que dirige ha entrevistado a unas 140 víctimas y testigos.
Con sus testimonios, han facilitado pruebas consistentes de asesinatos en masa, ejecuciones sumarias de civiles, violencia sexual, tortura, desapariciones y detenciones para pedir rescates.
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Algunos de ellos, señaló, denunciaron el asesinato de cientos de personas que se refugiaron en la Universidad de Al Fasher, y también ataques a trabajadores sanitarios, así como otros de motivación étnica dirigidos a personas no árabes, en particular miembros del pueblo zaghawa.
Además, la violencia sexual "fue utilizada sistemáticamente como arma de guerra por las FAR y sus milicias afines", y muchas víctimas relataron violaciones en grupo y otros abusos contra mujeres y niñas.
Türk recordó que la Corte Penal Internacional ha señalado en sus investigaciones que durante la toma de la ciudad las FAR cometieron crímenes de guerra y contra la humanidad, unas conclusiones con las que coincide su oficina tras recolectar información de supervivientes.
El alto comisionado austríaco reiteró su temor a que estas graves violaciones de los derechos humanos se repitan en la región central sudanesa de Kordofán, actual foco de los principales enfrentamientos armados entre ejército y FAR.
Aunque el ejército sudanés y sus aliados han logrado romper asedios de las FAR a localidades de esa región como Kadugli y Dilling, continúan los ataques con drones, que han causado decenas de víctimas civiles, y persiste el riesgo de ejecuciones sumarias, violencia sexual y detenciones arbitrarias.
Dado este contexto, Türk urgió a la comunidad internacional a poner fin al "continuo flujo de armamento" hacia Sudán, incluyendo la llegada de sistemas avanzados de drones armados, e insistió en la necesidad de extender a todo el país el embargo que actualmente sólo se aplica a Darfur.
Pidió asimismo a los bandos en conflicto que se abstengan de lanzar ataques contra infraestructuras civiles, y recordó que durante su visita pudo comprobar los daños causados por las FAR a la central hidroeléctrica de Merowe, situada en el Nilo y que antes proporcionaba un 70 % del suministro eléctrico al país africano.
