Con el escrutinio aún en marcha, los recuentos preliminares de este viernes difundidos por medios locales otorgan al BNP al menos 151 de los 299 escaños en juego, el umbral exacto para gobernar en solitario.
De confirmarse, esta victoria cerraría un ciclo de 15 años de ostracismo y persecución para la formación liderada por Tarique Rahman, quien ha dirigido al partido desde su exilio de 17 años en Londres.
"El pueblo de Bangladés ha estado esperando este día durante mucho tiempo. Hoy, la gente ha recuperado sus derechos", declaró Rahman tras conocerse las primeras tendencias, que entierran definitivamente la estructura de poder de la proscrita Liga Awami.
El desarrollo pacífico de estos comicios representa el éxito de la frágil transición tutelada por el Nobel de la Paz Muhammad Yunus, que a diferencia de las últimas tres elecciones bajo el régimen de Hasina, marcadas por el fraude masivo y el boicot, condujo una jornada con el aval de observadores internacionales.
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Yunus, que asumió el Ejecutivo interino en agosto para pacificar una nación devastada por los casi 1.400 muertos que dejó la represión gubernamental contra la 'Generación Z', celebró la votación como "el cumpleaños del nuevo Bangladés".
El mayor hito del proceso fue la seguridad, gracias a un despliegue de casi un millón de agentes, que permitió a este país de 170 millones de habitantes cerrar sus urnas sin registrar ninguna víctima mortal por violencia política, un hecho inédito en su convulsa historia.
La dirección del BNP prohibió a sus simpatizantes cualquier tipo de marcha triunfal en las calles para evitar enfrentamientos, convocando en su lugar una jornada de oración nacional.
La principal alianza islamista del país, liderada por Jamaat-e-Islami, que se perfila como segunda fuerza parlamentaria con unos 43 escaños, rechazó los recuentos alegando supuestas irregularidades.
