El concierto comenzó con un video proyectado en la súper pantalla, donde un adulto explica a un niño lo que significa pertenecer a un lugar. Ese lugar es el barrio porteño de La Boca y la conversación es la letra de La Mudanza, la canción que relata la vida de Benito Antonio Martínez Ocasio, el mismo Bad Bunny. Ahí empezó todo.
A continuación, Benito salió al escenario y fue recibido con tal ovación que retumbó todo el Estadio Monumental de Buenos Aires, que acogió a 70.000 personas, según los organizadores. Todas las entradas se vendieron.
Luego siguieron ‘Callaita’, ‘Pitorro de Coco’, ‘Weltita’, ‘Turista’.
“La única razón por la que estamos aquí es para que ustedes la pasen bien. Por un momento, aunque sea por una noche, olvidemos todo lo que pueda estar ocurriendo fuera de este estadio y tengamos una noche llena de alegría y felicidad”, dijo Bad Bunny.
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El artista que dejó boquiabierto al mundo hace solo una semana en la Super Bowl calló por espacios prolongados de tiempo, permitió que sus seguidores lo jalearan, lo llamaran a gritos, corearan su nombre con emoción.
En medio de la apoteosis, el puertorriqueño gritó: “¡Argentina!, disfruta, vive, ama y baila sin miedo esta noche”. Poco antes había dicho que la “única razón” del espectáculo era “la unidad del pueblo argentino y la unidad de los argentinos con el resto de América Latina”.
A continuación sonó “Baile inolvidable” y “Nuevayol”, y el estadio se convirtió en un bailadero sin fin. Fueron más de dos horas de música, baile, luz, fuegos artificiales y pantallas gigantes que no dejaron indiferente a nadie.
Y así llegó el momento de la famosa ‘casita’ de Bad Bunny, por la que han desfilado personalidades de la cultura de todo el mundo durante la gira DTMF. En la noche de este viernes se pudo ver a Bizarrap, María Becerra, Tini Stoessel y Nicki Nicole.
Cuando Bad Bunny cambió de vestuario para dirigirse a la casita y dejó en el camerino su ya tradicional traje blanco impoluto, se puso una camiseta de la selección argentina de fútbol con el número 19, perteneciente a una edición especial de 2006, la que lució Lionel Messi en su debut mundialista.
Los guiños al fútbol argentino no se detuvieron ahí, también estuvieron en el merchandising, ya que las más vendidas fueron las camisetas del sapo concho, que se ha hecho famoso en los conciertos de Bad Bunny por representar a una especie en peligro de extinción de Puerto Rico. El simpático sapo simula a Maradona cuando, con la mano, encajó un gol contra los ingleses en el mundial de 1986.
Todas las camisetas que se vendieron en el Monumental tenían en la etiqueta la leyenda ‘Made in Puerto Rico’, la bandera de la isla en azul claro, es decir, la independentista, y la firma de Benito Antonio. Al final del concierto estaban agotadas.
En la casita se desató el perreo, todos y todas bailaron, gozaron y se divirtieron, siguiendo el consejo de Bad Bunny. Desde allí sonaron temas como ‘Veldá’, ‘Titi me preguntó’, ‘Voy a llevarte pa PR’ y ‘Yo perreo sola’.
El grito “Acho PR es otra cosa” lo lanzó un emocionado joven que el artista lo eligió entre el público, luego cantó ‘Otra noche en Miami’ sobre el tejado de la casita, sentado en un aparato de aire acondicionado, muy típico de su isla.
Bad Bunny regresó al escenario principal y terminó cantando 29 temas, entre medias, homenajeó a Mercedes Sosa y Soda Stereo, y recordó su primera gira por Buenos Aires.
“¿Cuántos de ustedes estuvieron en mis conciertos hace diez años?”, preguntó al público exhausto de bailar y reír, mientras cantaba ‘Café y Ron’. Terminó con ‘DtMF’ y el estadio retumbó con miles de personas entonando “Debí tirar más fotos”. Ahí el artista pidió seguir el consejo de su canción: disfrutar de la vida, vivir el presente, divertirse y perrear para ser felices.
Bad Bunny realizó en 2017 su primera gira en Argentina, fueron trece conciertos en cuatro días, en barrios de Buenos Aires y en el Conurbano, es decir, los suburbios de la capital. Casi diez años después, ha regresado a Argentina para deleitar a más de 200.000 personas en solo tres conciertos. Argentina, recordó Benito, siempre lo trató bien.
