El país vive una situación donde el Parlamento no sabe si debe obedecer a la vieja Constitución o al nuevo mandato de un referendo constitucional por el que votaron los electores en las elecciones generales de la semana pasada.
Estas son las claves de la fractura política en la nación asiática:
El Estatuto de Julio es un documento de 84 reformas radicales que los estudiantes redactaron tras las protestas que derrocaron a la ex primera ministra Sheikh Hasina, para asegurar que nadie vuelva a tener poder absoluto.
Esta carta funciona como una guía de emergencia para limpiar el Estado de la corrupción sistémica y las leyes represivas que asfixiaron a la nación durante los últimos 15 años.
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El pasado 12 de febrero los ciudadanos acudieron a las urnas para unas generales y al mismo tiempo una consulta nacional, donde el 68 % votó a favor de que el Estatuto de Julio fuera de obligatorio cumplimiento para el nuevo Gobierno.
El bloqueo técnico radica en que el nuevo Parlamento ha nacido con una identidad doble y no tiene un reglamento claro para saber si debe actuar como una cámara legislativa o como una Asamblea Constituyente.
Los diputados no saben cómo proceder porque el Estatuto les obliga a redactar una nueva Constitución en 270 días, pero las leyes actuales les exigen gobernar y aprobar presupuestos de forma inmediata.
Bangladés enfrenta esta transición con una inflación que roza el 11 % y una caída drástica de las reservas de divisas que pone en riesgo el pago de las importaciones de energía.
El sector textil representa el 80 % de las exportaciones y necesita una estabilidad inmediata para asegurar que las marcas internacionales no trasladen su producción a otros mercados.
La verdadera fuerza de vigilancia en esta transición reside en los comités estudiantiles que derrocaron al régimen anterior y que ahora actúan como sombra del nuevo poder.
Estos jóvenes rechazan otorgar un cheque en blanco al partido de Rahman y exigen que la nueva guardia política cumpla con las promesas de transparencia y justicia social para evitar un nuevo estallido en las calles.
