El ministro de Interior australiano, Tony Burke, confirmó que uno de los integrantes del grupo es objeto de una orden temporal de exclusión (TEO, por sus siglas en inglés), una medida que puede impedir su entrada en el país durante un máximo de dos años.
Según precisó, la decisión fue adoptada "por recomendación de las agencias de seguridad", que por ahora no han considerado que los demás miembros cumplan con los requisitos necesarios para aplicar la misma restricción.
El grupo, integrado por 11 mujeres y 23 menores, lleva más de seis años retenido en el campamento de Al-Roj, en el noreste sirio, tras la caída territorial del EI en 2019.
El lunes, el convoy salió del recinto con la intención de dirigirse a Damasco y eventualmente regresar a Australia, pero autoridades sirias les impidieron continuar el viaje y obligaron a retornar al campamento. Se desconoce si intentarán abandonar nuevamente el lugar.
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La medida se produce después de que el primer ministro australiano, Anthony Albanese, reiterara que Australia "no está repatriando ni repatriará" a ciudadanos que viajaron a Siria para apoyar al EI. El mandatario advirtió que cualquier persona que regrese y haya cometido delitos enfrentará "todo el peso de la ley".
El pasado octubre, un grupo de seis mujeres y niños australianos logró regresar al país tras salir de Siria hacia el Líbano sin asistencia gubernamental.
Aunque el Ejecutivo no facilitara el regreso del grupo, Australia tiene obligaciones internacionales de permitir el retorno de sus ciudadanos y, según expertos, mantenerlos en campamentos podría aumentar el riesgo de radicalización.
El caso reaviva el debate en Australia sobre cómo gestionar el retorno de familiares de combatientes extremistas extranjeros, en un contexto de renovada preocupación por la seguridad tras el atentado del pasado de diciembre contra la comunidad judía en Sídney, motivado por la ideología del EI, según Camberra.
El EI celebró días después haber "inspirado" el incidente, aunque no reivindicó su autoría directa.
El Comité contra el Terrorismo del Consejo de Seguridad de la ONU estimó en 2014 que más de 30.000 combatientes extranjeros viajaron a zonas de conflicto en Oriente Medio para unirse a organizaciones como Al Qaeda y el EI.
