Beltrán hizo hincapié en el contexto de precariedad de esta profesión en El Salvador durante un acto organizado por el sindicato español UGT en la ciudad insular mediterránea de Palma. En declaraciones a los medios, comentó que antes desconocía que, como bordadora, tenía derechos laborales.
"Nos preguntaban si trabajábamos y decíamos que no, porque no sabíamos que lo que hacíamos era un trabajo", relató. Pero con esta organización sindical, las bordadoras salvadoreñas han tomado conciencia de su dedicación a una actividad productiva que sostiene su economía diaria.
La sindicalista salvadoreña advirtió de que los ingresos son insuficientes, ya que pueden llegar a percibir en torno a 80 dólares al mes, una cantidad que no cubre el costo de la canasta básica en el país: "Sirve para sobrevivir el día a día, pero no alcanza", lamentó.
Además, la bordadora denunció presiones de las empresas con el riesgo de perder el trabajo si se estas trabajadoras se afilian a un sindicato o se asocian para defender sus derechos. Este ambiente de temor, apuntó, frena la incorporación de más bordadoras, con 209 sindicadas actualmente.
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Beltrán comentó que más de 400 familias dependen directamente del bordado, aunque el número podría ser mayor. Este empleo suele considerarse una actividad femenina, si bien hay hombres que lo ejercen y muchos no lo hacen público por vergüenza.
La investigación 'Hilos de resistencia: cuerpos y vidas de las bordadoras a domicilio', de la organización Sindicalistas sin Fronteras ISCOD-UGT, documenta las condiciones laborales, físicas y psicosociales de estas trabajadoras salvadoreñas.
El estudio analiza el impacto multidimensional del trabajo a domicilio en la salud física y emocional de las bordadoras, que viven y trabajan en condiciones precarias, así como la falta de protección laboral.
