"Me quiero dirigir a todos los ciudadanos, especialmente los jóvenes. Dicho proyecto de una nueva Constitución está dirigido principalmente a vosotros", dijo, al dirigirse a diputados municipales en un foro en Astaná.
Tokáyev subrayó que si recibe el apoyo popular, la Carta Magna permitirá la creación en el país de "un nuevo sistema político, más eficaz, que garantizará un desarrollo sostenido a largo plazo".
En caso de que los kazajos voten sí el 15 de marzo, será la mayor reforma constitucional desde la independencia del país de la Unión Soviética en 1991.
Al respecto, destacó que el futuro Parlamento unicameral, la principal propuesta reformadora, no incluirá ya una "cuota presidencial", aunque algunas voces abogaban por mantenerla.
"Sea como sea, considero que todos los diputados deben ser elegidos de la misma forma, sin ninguna excepción o privilegio", señaló.
El futuro Parlamento, Kurultái, verá ampliadas sus facultades, lo que también incrementará la competitividad y "la velocidad de reacción del Estado ante los desafíos actuales".
Además, destacó que la nueva Constitución propone impedir que familiares del presidente ocupen cargos políticos o puestos cercanos al Gobierno, lo que -adujo- constituirá "una barrera fiable contra el nepotismo y la excesiva concentración de poder" en unas pocas manos.
Respecto a los 30 artículos que aluden a los derechos fundamentales, subrayó que las enmiendas hacen hincapié ahora "en el daño que el Estado puede causar a la persona" y no al revés.
Al convocar la consulta el pasado 11 de febrero, aseguró que "Kazajistán está abandonando finalmente el modelo superpresidencial y transita hacia una república presidencial con un Parlamento respetado e influyente".
Tokáyev, que llegó al poder en 2019 en sustitución del padre de la patria kazaja, Nursultán Nazarbáyev, defiende que la concesión de mayores poderes al nuevo Parlamento podría ser un paso importante para profundizar en la democratización de Kazajistán.
No obstante, algunos analistas vinculados con la oposición y observadores extranjeros consideran que, tras la reforma, la mayor república centroasiática se parecerá más a otros países autoritarios del espacio postsoviético como Rusia, Bielorrusia o Azerbaiyán, ya que consolidará el poder del presidente y no contribuirá a la separación de poderes.
La Constitución reforzará los poderes del presidente, que ahora también nombrará a los presidentes del Tribunal Supremo, Comisión Electoral, Cámara de Cuentas, Servicio Estatal de Seguridad y al comisionado de derechos humanos, apuntan.
Además, también podrá disolver el Parlamento si la cámara rechaza en dos ocasiones las candidaturas que proponga.
Los detractores de la reforma constitucional también señalan que la Carta Magna allana el camino para una futura extensión del mandato presidencial, como ocurriera en países como Rusia.
Igual que ocurrió con el referéndum convocado en 2024 sobre el uso de la energía nuclear, la oposición critica la falta de debate público y denuncia las trabas al trabajo de la prensa y las compañías de encuestas durante las semanas previas al plebiscito.
